Alma de dragón

Sin duda uno de los viajes más apasionantes y arriesgados fue el día que tuve que vérmelas con un dragón de tierra para conseguir un manojo de alma de dragón…De acuerdo, ni yo mismo me puedo creer esta historia, el dragón estaba muerto ya. Los días en que yo mismo me enfrentaba a criaturas horribles pasaron para mi, aquellos años de juventud y aventuras me han hecho más cauto y más sabio…¿O alguien en su sano juicio se internaría en la Fortaleza de la Muela sabiendo que su morador está vivo?

Una llamada desesperada, así lo podría denominar. Cuando Kili, “Ojo de Tigre”, me llevó la escama no me lo podía creer, eso sólo podía significar que Dragón había muerto y que alguien tendría que ocuparse de su descendencia. Por supuesto que yo no tenía ni los medios ni los conocimientos para llevar a cabo esa tarea, pero hasta que los huevos llegasen a la persona idónea yo sería su custodio.

Por eso nos adentramos en la lúgubre Fortaleza, en lo más oscuro de sus profundidades, donde los dragones de ácido horadan la tierra del subsuelo y dan forma con las garras de sus seis fuertes patas a lo que será su guarida y su nido. Hasta allí descendimos, cruzando grandes cavernas y enormes y retorcidos túneles y al fin, entre malolientes restos de alimañas y huesos todavía con carne putrefacta adherida, que preferí pensar que no eran restos humanos, llegamos donde yacía el cuerpo inerte de Dragón, donde florecerían con suerte cinco o seis ejemplares de Alma de Dragón de ácido. Nos acercamos cautelosos al cadáver y allí estaban, entre las escamas y la carne en putrefacción unas robustas flores de reluciente color dorado, alimentándose de las entrañas y de una pus que supuraba del interior de la criatura que debía de ser ácido. Las escamas reflejaban el color dorado intenso de las flores, y en el rostro sentía el calor que desprendía el ácido burbujeante. Me quedé un rato observando y deleitándome con esta simbiosis extraordinaria de la naturaleza de Ériandos.

Se me hacía tarde, debía recoger las flores y extraer el polen. Los huevos debían estar a punto de abrirse y sin una madre o padre que los alimentase iban a necesitar toda la energía necesaria para salir adelante. Kili me ayudó a transportar los huevos mientras yo extraía las flores de las entrañas, aún ardiendo y humeantes por el ácido, del cuerpo rígido de Dragón. Un recuerdo para el resto de mi vida, quemaduras en ambas manos, ¿pero qué clase de botánico sería sin un remedio para las quemaduras de ácido? Lo más importante que conservo de aquella experiencia es el recuerdo inolvidable de haber sido partícipe del nacimiento de una pareja de Dragones de Ácido.

ESTE ARTÍCULO NOS LLEGA DE LA MANO DE:

RODNIFERO

Si quieres conocer más sobre los mundos de Ériandos no dudes en seguirnos en nuestras redes sociales o suscribirte a nuestra página.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s