Eider Nikher Nació en Puerto Arán una noche oscura el día 30 de junio, hace ya 17 años. Sus padres esperaban a un varón de ojos azules y piel mulata, pero en cambio se encontraron con una niña de cabellos negros y piel negra, más negra incluso que la de la noche a la que llamaron Eider.
Su madre tenía la piel bronceada como muestra de su pasado, y su padre tenia la piel rojiza, quemada por el sol. Fue una relación poco convenida ya que Zacar, su padre, era un comerciante de esclavos. Sucedió algo inimaginable, se enamoró de una mujer llamada Lira, la cual tenía unos rasgos muy exóticos: cabello negro y rizado, muy rizado, unos ojos azules tan profundos como el mar, un cuerpo que parecía esculpido por mismísimos dioses…
Poco después de conocer a la que sería la mujer de su vida dejó de comerciar con la vida de aquellas personas y dió un nuevo rumbo a su vida como capitán de un navío.
Eider creció a la vera de su madre en un pequeño puesto de artesanía local. Su madre era una persona jovial y cariñosa, pero siempre hay personas que las miraban con superioridad y de reojo por no ser la la típica familia. Eider aún era joven por lo que no pasaba mucho tiempo en el puesto sino que se iba a jugar con otros niños y pasaba por alto aquello. Pero eso cambió al crecer.
Ella estaba menos apegada a su padre, notaba que él deseaba con todas sus fuerzas que hubiera sido un varón y la trataba como tal. Siempre pensó que gracias a ello pudo aprender a como manejarse con un puñal, blandir una espada de mano y además a fabricar armas como los arcos, piezas que venían de la familia de mi madre. A pesar de todos los intentos de Zacar, Eider siempre fue muy femenina en todo lo que desempeñaba
Los miedos de cualquier niño parecen una tontería pero para Eider el desconocimiento de aquello que iba más allá de Puerto Aran era uno de sus mayores temores, aunque estar rodeada de mar le daba paz y tranquilidad.
Eider siguió creciendo hasta los 13 años, en los que mantuvo su estatura en 1.70m. Ser tan alta para su edad le creó un complejo que no le facilitaba hacer nuevos amigos. A pesar de ello seguía conservando a un amigo de la infancia, Thom, y otros no tan amigos, como era el caso de Edreas. Los tres juntos fueron grandes amigos en el pasado, pero solo Thom resulto ser el único que estaría allí para lo que fuera necesario, en cambio, Edreas solo entorpecía todo aquello que Eider quería hacer.
En el 17 cumpleaños de Eider, Thom le regalo una pieza de arcilla de un rinoceronte decorada con muchos colores, le recordaba al cordero que siempre se tomaba en días festivos, y al vino que su padre no paraba de derramar cuando estaba muy contento.
Ese mismo día, pasearon por el puerto recogiendo las conchas más bonitas.
-Oye, Eider… ¿Qué es lo que más te gustaría hacer hoy?
-La verdad, Thom, pasear por el puerto me encanta, ver las olas, los barcos atracados, la cantidad de personas que pasan por aquí a diario… Ya lo sabes. Por mi, pasaría aquí todo el día.
-Aun sigo preguntándome que atractivo le ves a este lugar.
– La verdad es que no es el atractivo, es en lo que me hace pensar. Me gusta venir aquí y recordar cosas, como, por ejemplo, el momento en el que nos separamos de Edreas. Ese fue un buen momento.
– ¿Por qué no dejas de pensar en él?
– Ya lo sabes. Fue un gustazo poder separarme de él, ¡no era siquiera un amigo! Era una rata que se aprovechaba de nosotros para sacar lo que le convenía… Además, que eso fue lo mejor que podría haber hecho jamás
-Per…
-Pero nada, Thom. Sabes que también me rompió el corazón y eso no tiene perdón, al igual que toda la gente de aquí, todos hablan en cuanto me ven.
-Eider, sacas un poco las cosas de contexto. No siempre hablarán de ti, y menos de tus padres. ¡como si ellos no se hubieran enamorado de quien supuestamente no les convenía!
-Pero esto es diferente, no se enamoraron de una esclava, y mucho menos les sale una hija bastante más negra que mezclando sus dos tonos de piel, según muchos soy un polvo de una noche con otra persona que no fue Zacar. Además, ahora hablan todavía más desde que no ha vuelto de su última expedición.
-Exageras, seguro que tu padre está bien y volverá pronto a casa. Y respecto a los demás, ignóralos.
-Thom, no exagero nada, es la realidad. Y mi realidad ahora no es permanecer aquí. Me voy a buscar a mi padre.
-¡No sabes nada sobre su paradero! ¿estás loca? No dejaré que te vayas.
-Si no me dejas ir estarás impidiéndome volver a ver a mi padre.
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