La joven de 17 años, Delia, de piel blanca, ojos azules y pelo negro y liso hasta un poco más allá de los hombros, no parecía tener apenas rasgos en común con los de su raza Nimer.
Vestía una túnica con capucha y unos guantes que la protegían lo más que podían del sol, tampoco le gusta demasiado estar bajo él, cosas que pasan supone ella que ya casi se ha acostumbrado a sus problemas, así como casi acostumbrarse al hambre, un hambre más allá de lo humano, un hambre que llegaba a las almas y que comenzó siendo ella muy joven.
Su padre era un profeta que un día dijo tener una visión sobre una mujer poderosa vestida en oscuros mantos. Al principio nadie le creyó, hasta que dio con la madre de Delia que luego fue convenciendo poco a poco, a más mujeres para la causa, convirtiendo finalmente todo en una especie de cábala o secta, en la que rápidamente se hicieron rituales de sangre en honor a la mujer de la visión. Aunque realmente atraían más a Cartajiod que lo que realmente buscaban, sin embargo para ellos eran seres oscuros.
Más tarde, su padre tuvo otra visión en la que un bebé nacería elegido para alzar a esa oscuridad. Algo le llevó a la obsesión, algo le susurró que él sería el padre de aquel niño, pero que debía antes ganarse el favor con más ofrendas.
Y así fue como, ritual tras ritual, ofrenda tras ofrenda, se acostaba con todas a las que ya se podía considerar su harem.
Hubo abortos, niños malformados, algunos nacían sanos, pero muy pocos; otros estaban poseídos y se les mantenía allí hasta que eran incontrolables y se les soltaba y, uno de ellos era Delia.
En su concepción, hubo una bacanal como en el resto y esta, llamó la atención de un Cartajiod del hambre que, divertido o aburrido u ofendido, debió pensar que era buena idea que en el futuro la criatura los devorara a ellos.
Para los padres, la pequeña Delia era especial, ya que consideraron su debilidad al sol, su hambre, su visión nocturna y de las almas, una señal y, con 12 años la sometieron al ritual que hizo que el Cartajiod se cobrara lo que buscaba y el Imperio decidiera poner fin a la secta.
Actualmente, Delia se mueve por las cercanías del Imperio de Luz recogiendo plantas para sus mejunjes y, de paso, averiguar hasta que punto eran verdad las visiones de su padre, al que nunca creyó hasta el Estallido.
ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE:
IRIS CONST
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