Cuentos de siempre dónde el protagonista vence al malo y se queda con la chica, libros dónde siempre que alguien muere para darle vida a la trama es el amigo del protagonista, historias de buenos buenos y malos malos… es hora de cambiar. Hubo una vez tras la fuga de Shelter, cinco soldados mandados por Ortrox, guiaron a todos los liberados a Cariusos, una tierra dejada de la manos de los dioses, una tierra que podrían poblar y donde vivir sin el yugo de estos.
Muchos años pasaron, y al ser criaturas creadas para trabajar, pronto empezaron a adaptarse a su nueva tierra, y sus cuerpos empezaron a crecer, y sus manos se volvieron garras. Los lobos grises de Shelter, monstruosas bestias enormes, conocidas como huargos, empezaron a reconocerse y aliarse con los esclavos liberados, y estos cogieron de los lobos sus facciones y su fuerza, y también su longevidad. Años pasaron y los cinco soldados se unieron para formar una orden que serviría para proteger a su pueblo de los dioses, los Caballeros de Cariusos.
Montados en las temibles bestias patrullaban las vastas tierras en busca de territorios y refugio. Empezaron a especializarse en el arte de las armas de guerra, y sus maestros herreros hicieron poderosas armaduras y afiladas espadas. Grandes escudos adornaban las entradas de las casas de estos seres, que vivían en una gran comunidad. Un día, los dioses decidieron castigarlos y mandaron dos enfermedades a Cariusos. Una hizo que perdiesen la consciencia, y la otra que se devorasen como animales entre ellos. Ortrox y sus cinco Caballeros de Cariusos sobrevivieron, y protegieron a los enfermos que quedaban con vida incluso de ellos mismos, hasta que lograron hallar la cura para enfermedad. Diezmados, decidieron acabar con los dioses. Volverían a su tierra y echarían de allí a los opresores que se hacían llamar dioses. Se armaron y reagruparon, y para compensar sus bajas, crearon algo nuevo. Hijos de ninfas de los bosques y suyos, medio hombre medio lobos, que se transformaban a voluntad en bestias, tan longevos como sus padres, pero no capaces de actuar de manera racional cuando sacaban a las bestias. Desde aquel día, los esclavos se autodenominaron Licos, lobos, y sus hijos fueron llamados hombres lobo. Montados en los Lobos Grises y acompañados de sus hijos, los licos partieron a la batalla, e iniciaron las Guerras Cálidas, por la libertad de su pueblo.
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