Cuento de la dama de Veraux

Cerca de Beliond, en el Cabo del Lobo, se alza la ciudad de Veraux, donde reina una antigua y sangrienta tradición que manda que para que un hombre y una mujer puedan unirse, él debe regalarle un flor de Crecedero, la criatura más mortal que crece en esas tierras. La Crecedora come hombres alcanza su tamaño máximo en tres días, y su tamaño es lo bastante grande como para devorar a un jinete y su caballo en menos de tres minutos.

En el interior de su boca crece una flor de oro muy hermosa, y eso es el precio que exigen las damas de la ciudad a los caballeros que tras ellas van.
Cuenta la leyenda que una vez un hombre se quedó enamorado de la princesa, y ella le pidió una de esas flores solo a cambio de tener la posibilidad de pedir a su padre que le permitiera unirse a ella, y él se negó viendo injusto el tener que arriesgar la vida para que luego no conseguir nada. Ella también lo amaba pero no se atrevía a enfrentarse a su padre. Hizo subir al muchacho a la torre y yacieron juntos hasta que salió el sol, y luego él salió en busca de la flor. Mientras que ella se encerró en la torre y prometió no salir hasta que su amado volviera.

En el camino una ninfa engañó al joven y lo utilizó para conseguir una de las flores. Él, se lanzó a por las flores y alcanzó una antes de que la planta le atrapara, pero no pudo conseguir la segunda y fue engullido y resultó muerto. Y nunca volvió.
La Princesa se quedó para siempre encerrada en la torre y el pueblo murió, y nada más se supo de él más que leyendas y cuentos.


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Canción de la dama de Veraux

Crece y crece sin ataduras
en las colinas de Bosque Verde
la prueba que pido yo.

Hojas doradas, mortal veneno
entre dientes afilados
en el corazón del bosque.

Ten cuidado caballero,
si lo que quieres es mi amor,
has de arriesgar tu vida.

Me has de traer una flor
si quieres volver a mi,
que demuestre tu verdad.

Te aguardaré en la torre
hasta que la traigas aquí
Amándote para siempre.

Ten cuidado caballero,
si lo que quieres es mi amor,
has de arriesgar tu vida.

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