Desde la ventana de mi habitación,
veía a las ninfas bailando.
Danzaban sin prisa y con emoción,
alrededor de un estanque.
Cuatro bajaban siguiendo el arroyo,
Mientras mis armas afilaba.
Todas se inclinaban pidiendo apoyo,
a la bella diosa del bosque.
Vestidas enteras con trajes de gala,
cosidos con amor y hojas.
Siempre la misma cogía de mi ala,
una pluma blanca alargada.
Danzaban sin tregua hasta el amanecer,
bajo mi atenta mirada.
Si caía y el cansancio vencía sin querer,
en mi cama despertaba.
Las ninfas ya no han vuelto a bailar,
porque la guerra ha vuelto.
Partiré a la batalla y empezaré a cantar.
Para que las ninfas vuelvan a danzar.
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