En una isla, en medio de un lago, rodeada de montañas, se alza la ciudad de Uxuss, reina del Valle. Y allí, en el Valle de Uxuss, es dónde los mejores Guerreros del Viento son criados y entrenados. Allí, es dónde nació una niña muy especial, una niña con los ojos violeta, y ese color le dio nombre.
Criada entre soldados, como todas las niñas del Valle, creció Violeta. Largos mechones del color del fuego crecieron con ella, encerrada por sus padres por miedo a que los demás no la aceptasen, por miedo a sus ojos.
Al estar sola, a la niña no le quedó más remedio que aprender a jugar y vivir con su imaginación, y pronto pudo hacer cosas que la mayoría ni se imaginaba.
Llegó el día, en que, como todos los niños de su edad, guerreros o no, fue llamada a la Real Academia del Saber, donde, desde que la familia Acantiladorojo la fundó, todos los niños a partir de los siete años debían acudir para ser instruidos en todo, estrategia, dominio de las armas, ciencia, medicina, literatura, supervivencia y matemáticas.
Allí llegó la niña, y, como sus padres le habían dicho, no miraba a nadie a los ojos hasta que a tropezar fue con el borde del campo de entrenamiento de los pequeños Guerreros del Viento al ir distraída leyendo uno de esos libros que tanto le gustaban. Cayó al lado de una espada de madera, y unos amables brazos la recogieron del suelo y, luego, también a la espada. Un niño con unas suaves alas blancas la había levantado, y la niña no pudo evitar mirarle a los ojos, ojos verdes agrisados como las hojas de los bosques del Valle. Él también la miró, y le tendió la mano.
—Soy Diego Acantiladorojo, un placer haberte conocido.
Así empezó una amistad que duró años. Jamás se separaban a menos que fuese indispensable, hasta que las guerras que nunca acababan, las Guerras Cálidas llegaron al Valle, y al estar la mayoría de guerreros combatiendo en el frente del sur de Gorgótem, una escuadra de licos logró entrar en el Valle y llegar hasta los niños, y al verlos, coger a Diego, que valientemente se había interpuesto entre los monstruos y la chica. Una enorme bestia blanca, fue a por él, y tras algo de lucha lo aprisionó entre sus garras. Fue entonces cuando las manos de la chica se encendieron en llamas y cuando los licos se dieron cuenta de que ella era la presa más valiosa en aquella sala. Otro lico se adelantó para cogerla y cuando los tuvieron a ambos, salieron de allí. Una flecha certera atravesó al monstruo que sujetaba al chico, y este quedó libre, y corrió tras la chica hasta que no pudo más.
Ella, cuando dejó de verlo entre las ramas, aun pudo oír como a gritos, el muchacho juró que la encontraría y que nunca dejaría de buscarla. En ese momento, una mujer con una máscara apareció de repente en medio del camino y deshizo a los monstruos con un movimiento de mano.
—Soy Sona, he venido a protegerte y enseñarte.
La bruja cogió a la chica y ambas desaparecieron de allí, y aparecieron en la capital del Imperio de Luz, en la sala del trono. Allí, la bruja cogió una araña dorada y la puso en el pecho de la chica, la que se desmayó al notar el doloroso mordisco del mágico objeto.
Esa araña creció con ella mientras la bruja le enseñaba poderes inmensos, hasta que un día, un hombre entró por la puerta. Y la bruja le contó la historia de Violeta. Entonces él habló y la araña brilló por primera vez, y la chica hizo exactamente lo que el hombre le dijo, y de nuevo, los tres partieron hacia Gorgótem, avisados por un mago de que la Triada estaba cayendo.
Allí, Cruat comenzó su venganza, utilizando a la muchacha para controlar a la población, y todos la conocieron como Bruja Púrpura, y, hasta que uno de los cabecillas rebeldes, JJ, entró en el castillo para acabar con su reinado y su dolor, Diego y Violeta no volvieron a estar juntos.
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