Voces Gorgotianas

Desde la costa de hielo,

hasta el muro de roca,

se extiende gloriosa,

Gorgótem valiosa.

Ahora vemos nuestra tierra,

asolada por mil males,

y desenfundamos las armas,

para salvar nuestras almas.

Desde la sombra vigilan,

Dos ojos que miedo dan,

Brillantes de oro y violeta,

en Shar-Vane fijos están.

Un día a ella llegaremos,

para salvar a nuestro pueblo,

y su cabeza veremos,

rodar, rodar y rodar.

Sobre Cuerno marcharemos,

para luchar contra el gran mal,

otra bruja y un brujo,

a los que hay que matar.

Cruat y la bruja Sonajero son,

los que del abismo dirigen,

sin miedo ni dolor,

a soldados que no mueren.

Su yugo romperemos,

y a todos libraremos,

ahora y por siempre,

de este negro mal.

Soldados gorgotianos,

listos para marchar,

con un dragón al frente,

marchan a ganar.

Soldados de otro tiempo,

que ya diestros son,

blanden sus espadas al tiempo,

y al ritmo de este son.

A la victoria marchan.

A las brujas destruirán.

Y así los pueblos, libres otra vez serán.


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¿Siempre fue así?

En una isla, en medio de un lago, rodeada de montañas, se alza la ciudad de Uxuss, reina del Valle. Y allí, en el Valle de Uxuss, es dónde los mejores Guerreros del Viento son criados y entrenados. Allí, es dónde nació una niña muy especial, una niña con los ojos violeta, y ese color le dio nombre.

Criada entre soldados, como todas las niñas del Valle, creció Violeta. Largos mechones del color del fuego crecieron con ella, encerrada por sus padres por miedo a que los demás no la aceptasen, por miedo a sus ojos.

Al estar sola, a la niña no le quedó más remedio que aprender a jugar y vivir con su imaginación, y pronto pudo hacer cosas que la mayoría ni se imaginaba.

Llegó el día, en que, como todos los niños de su edad, guerreros o no, fue llamada a la Real Academia del Saber, donde, desde que la familia Acantiladorojo la fundó, todos los niños a partir de los siete años debían acudir para ser instruidos en todo, estrategia, dominio de las armas, ciencia, medicina, literatura, supervivencia y matemáticas.
Allí llegó la niña, y, como sus padres le habían dicho, no miraba a nadie a los ojos hasta que a tropezar fue con el borde del campo de entrenamiento de los pequeños Guerreros del Viento al ir distraída leyendo uno de esos libros que tanto le gustaban. Cayó al lado de una espada de madera, y unos amables brazos la recogieron del suelo y, luego, también a la espada. Un niño con unas suaves alas blancas la había levantado, y la niña no pudo evitar mirarle a los ojos, ojos verdes agrisados como las hojas de los bosques del Valle. Él también la miró, y le tendió la mano.

—Soy Diego Acantiladorojo, un placer haberte conocido.

Así empezó una amistad que duró años. Jamás se separaban a menos que fuese indispensable, hasta que las guerras que nunca acababan, las Guerras Cálidas llegaron al Valle, y al estar la mayoría de guerreros combatiendo en el frente del sur de Gorgótem, una escuadra de licos logró entrar en el Valle y llegar hasta los niños, y al verlos, coger a Diego, que valientemente se había interpuesto entre los monstruos y la chica. Una enorme bestia blanca, fue a por él, y tras algo de lucha lo aprisionó entre sus garras. Fue entonces cuando las manos de la chica se encendieron en llamas y cuando los licos se dieron cuenta de que ella era la presa más valiosa en aquella sala. Otro lico se adelantó para cogerla y cuando los tuvieron a ambos, salieron de allí. Una flecha certera atravesó al monstruo que sujetaba al chico, y este quedó libre, y corrió tras la chica hasta que no pudo más.

Ella, cuando dejó de verlo entre las ramas, aun pudo oír como a gritos, el muchacho juró que la encontraría y que nunca dejaría de buscarla. En ese momento, una mujer con una máscara apareció de repente en medio del camino y deshizo a los monstruos con un movimiento de mano.

—Soy Sona, he venido a protegerte y enseñarte.

La bruja cogió a la chica y ambas desaparecieron de allí, y aparecieron en la capital del Imperio de Luz, en la sala del trono. Allí, la bruja cogió una araña dorada y la puso en el pecho de la chica, la que se desmayó al notar el doloroso mordisco del mágico objeto.

Esa araña creció con ella mientras la bruja le enseñaba poderes inmensos, hasta que un día, un hombre entró por la puerta. Y la bruja le contó la historia de Violeta. Entonces él habló y la araña brilló por primera vez, y la chica hizo exactamente lo que el hombre le dijo, y de nuevo, los tres partieron hacia Gorgótem, avisados por un mago de que la Triada estaba cayendo.

Allí, Cruat comenzó su venganza, utilizando a la muchacha para controlar a la población, y todos la conocieron como Bruja Púrpura, y, hasta que uno de los cabecillas rebeldes, JJ, entró en el castillo para acabar con su reinado y su dolor, Diego y Violeta no volvieron a estar juntos.


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La triste historia de Cruat

En una pequeña aldea del reino de Shar-Vane en Gorgótem, vivían dos molineros que tenían un hijo. En la Triada, tiempos de guerra se respiraban, y los licos ya estaban preparados. Todos los reinos gorgotianos aliados de nuevo, congregaron sus ejércitos y los prepararon para la batalla.

Sin embargo, la victoria tiene un precio, y los impuestos subieron para mantener las tropas, que daban sus vidas combatiendo contra los feroces enemigos. Todas las personas no combatientes debían pagar el triple de lo normal, y cada vez menos ganancias llegaban a los hogares.

Los años pasaban, la guerra dolía, pues muchas batallas se perdían. Una de las veces que los monstruos ganaron, al pueblo de los molineros llegaron. Y allí entre costales, por orden del padre, la madre y el niño se refugiaron. Los licos entraron y lo destriparon delante del niño, al que por suerte no encontraron.
Su madre lloraba, y la harina menguaba, y los cobradores muy seguido pasaban. Cuando el niño tenía solo siete años, dos guerreros alados a su casa acudieron. A su madre prendieron, por mal pagadora, y a él se llevaron como la ley mandaba.

Un día escapó, y juró regresar, para de los hombres y licos poderse vengar.
Al Imperio de Luz huyó, y allí empezó a mostrar sus grandes poderes y habilidad. Y no era aquel niño nadie más que Cruat.


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Profecía del Caballero Negro

Cuando el Caballero Negro

vuelva a cabalgar en lo alto

y vuelva a batir sus alas,

una tormenta de fuego

despertará a los guerreros

hundidos bajo basalto

y apresados en el hielo.

Solo entonces el valiente,

el Último Gran Guerrero

podrá alzarse sobre el mal

y liberar a las gentes

de la malvada oscuridad.

La paz regresará entonces

a las tierras de Gorgótem

y el hombre podrá descansar

hasta que el mundo lo vuelva

otra vez a necesitar

para que en otro lugar

la justicia y el bien puedan

volver como siempre a reinar.   

Acacia


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