La ofrenda

Había recorrido ese bosque durante toda la noche, buscándolo iluminada sólo por la luz de las estrellas. Aún llevaba ese hatillo pegado a su cuerpo, algo sudado por la larga caminata. Le habían dicho que allí podría pedir cualquier deseo si estaba dispuesta a pagar el precio. Le costaba seguir el ritmo, pero sabía que si tardaba mucho en llegar él moriría. Llegó al claro y contuvo el aliento antes de dejar la seguridad de los árboles y adentrarse en dirección a las rocas. Acarició su abultado vientre, sintiendo como ella se agitaba en sueños, dando débiles patadas y puñetazos que notaba a través de su piel.

– Pronto estará todo arreglado pequeña, sólo faltan unos metros. 

Musitó, mientras un pequeño escalofrío recorría su espalda. En el hatillo que colgaba de su espalda se encontraban esas alhajas que le había regalado su madre cuando cumplió los dieciséis. A simple vista parecían joyas de plata, ennegrecidas por el paso de los años, pero al mirarlas con la luz adecuada desprendían un brillo rojizo. Recorriendo ese bosque recordó la alegría que sintió al recibirlas y cómo se sintió al ponérselas por primera vez. Eran unos pendientes con un pequeño topacio engarzado en cada uno de ellos, que parecían dos pequeñas gotas de sangre y con filigranas bañadas en oro bruñido; un pequeño colgante con un ópalo tallado en forma de corazón y un par de brazales, uno con grabados de flores y el otro de frutos. Al moverse chocaban entre ellos y casi parecía que seguían el ritmo de una música invisible. 

– Los recibí de mi madre y ella de la suya, me contó que fueron forjados por Mirel Tallador, una hermosa enana que se enamoró de un humano que se fue de sus tierras para aprender el arte de la forja. Se presentó ante el clan como Topacio y se enamoró de él nada más verlo. Le enseñó todo lo que sabía del arte de la forja mientras en secreto forjaba estas joyas, con el deseo oculto de conquistar su corazón. No se sabe exactamente cómo la rechazó, sólo que al final la joven se quitó la vida y su sangre bañó estas joyas. Si las miras atentamente verás que tienen un extraño brillo rojizo y a mí a veces me pareció escuchar un llanto proveniente de ellas. 

No creyó en sus palabras, aunque era cierto que con ellas puestas ningún hombre ni mujer podía dejar de mirarla. Había bailado hasta la extenuación en el último festival de la cosecha y fue elegida la reina, y con eso consiguió casarse con Tomás. Tenían una vida perfecta hasta que empezó esa absurda guerra y tuvo que ir a combatir al frente, por mucho que le imploró no pudo hacerle cambiar de idea. Se alegró al ver que regresaba tan pronto del frente, pero las heridas que traía no se cerraban por mucho esfuerzo que dedicaran tanto médicos como magos en tratarlas. 

Perdida en sus pensamientos tropezó con una raíz oculta y cayó de rodillas, lacerándose una de ellas. Ahogó un pequeño grito, se puso en pie y siguió avanzando poco a poco hacia las rocas.

Tocó una de las piedras y lanzó la oración que había aprendido cuando era pequeña, casi parecía que hacía siglos de eso. 

– He llegado aquí con mis objetos más preciados para ver cumplido el deseo más profundo de mi corazón. 

Justo después de pronunciar estas palabras la vio, parecía la mujer más hermosa que había visto nunca, con el pelo blanco como la nieve y las mejillas y los labios sonrosados, y unos ojos grises que la miraban algo divertidos. 

– Veo que has cumplido tu parte del trato, así que yo cumpliré la mía. 

Se acercó a ella, le puso la mano en el vientre y musitó algo, aunque ella no logró entenderlo. Con horror vio que su vientre se deshinchaba. Intentó gritar, pero de su garganta no brotó ningún sonido. 

– La cuidaré y terminará siendo una criatura del bosque, como yo. Puedes ir junto a tu esposo, te estará esperando en casa.

Huyó de allí y recorrió el bosque corriendo, casi parecía que volara entre los árboles, sin terminar de procesar todo lo que había ocurrido en ese claro. Al llegar a casa y ver la mirada inexpresiva de su esposo que la observaba en el umbral de la puerta recordó de golpe cómo terminaba la historia que le contó su madre, hacía casi una eternidad:

– Pero vigila los pactos que hagas con ellas y sé cuidadosa con tus palabras y tus pensamientos, pues siempre cumplen lo acordado de forma literal y tienen un retorcido sentido del humor. 

Y con esas palabras por fin pudo gritar.


ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE

GEMMA SÁNCHEZ

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Triste Recuerdo

Pasaba el Cuadragésimo tercer día del cuarto mes de la Estación de la Nieve en Beliond, en el norte de Ériandos, cuando un grito desgarrador rompió el silencio del Castillo Blanco a tiempo que la joven hija del bien amado rey Frolo del Toro aterrizaba sobre las rocas salientes del acantilado sobre el que se sostenía la fortaleza del Nido del Dragón, nombre inmerecido, manchando su precioso vestido blanco de agua salada de mar y sangre. Una caída desde la torre norte era mortal, para cualquier ser viviente que no poseyera alas, pero aquella muchacha ningún motivo tenía para iniciar un viaje que le destrozaría todos los huesos y los órganos poniendo fin de manera violenta a su existencia e incrustándola en aquella roca en la que permaneció dos días antes de que el mar permitiese recuperar su cuerpo.

Había un mago en el Toro que deseaba poseer a la princesa, y valiéndose de la magia la hizo subir a lo alto de la torre donde la tomó una y otra vez haciéndola gritar de dolor durante horas hasta hacerla desfallecer, seguir hasta dejarla casi sin vida y solo entonces dejarla, hechizar su cuerpo, hacerla subir a la baranda del mirador, y mientras los guardias destrozaban la puerta atrancada a hachazos para socorrerla, dejarla caer al vacío obligándola mediante la magia a ser consciente de su destino y del dolor, del impacto… hasta la muerte.

El mago fue apresado, torturado y quemado hasta la muerte en el patio del castillo, pero el castigo no fue justo, pues merecía que los lobos de la lejana Gorgótem lo desmembrasen y devorasen vivo por toda la eternidad y todos los habitantes del Toro rezaron a Ela y a todos los dioses que le otorgaran el más cruel de los castigos, y así Ela envió un águila que le sacaría los ojos cada noche y el corazón cada mañana, lo hizo encadenar a la roca más afilada de la casa de los ángeles e hizo su alma inmortal.

Pero todo aquello de nada le sirvió a la princesa, que había sido la más bella mujer del Sur, con su larga melena oscura y sus ojos color zafiro sobre su suave y blanca piel, que nadie sabe cómo su alma quedó atrapada en Castillo Blanco, y en la solitaria fortaleza revivía cada anochecer el sufrimiento que había pasado, y sus gritos llenaron la antigua región, y los viajeros que la escuchaban jamás olvidaban su llanto y sus gritos, y la gente del Norte dejó de pasar por los caminos que se acercaban a la fortaleza, y el bosque se cerró, y ahora, la leyenda de la Dama de Blanco se conocía en todo el Norte y Castillo Blanco se dio por maldito, y ahora la triste historia de la princesa del Toro solo es un triste y macabro cuento en la mente de las pocas personas a las que sus padres se la contaron y ya nadie sabe bien por qué Castillo Blanco está maldito ni por qué va nadie allí. De todo aquello ni tan solo queda en las perecederas mentes mortales un triste recuerdo.


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Cuentos de Brujas

No toda la magia es mala, es más, ninguna magia es mala. Lo malo son los usos que las personas pueden llegar a dar a la magia. Por suerte, yo no soy mago, si no podríais ir preparándoos, pero sí hay gente que puede controlarla, y hay que guardarse de ellos.

En tiempos antiguos, cuando todos los elementales aun vivían en Ériandos y todos los hombres eran guerreros, vivían en la ciudad élfica de Luzestrella, que después se conocería como la Capital Imperial de Luz, un padre con sus dos hijas, Queta, la mayor y Marga, la más joven. No tenían mucho, pero es que nadie tenía mucho en aquella época. Vivían felices con lo que conseguían, pero un día, los elfos se marcharon a los bosques, y las enfermedades llegaron a la ciudad, el sueño negro y con ellas, la muerte.

Su padre cayó enfermo, y fue cuando la hija mayor decidió sacar partido a sus secretas habilidades e intentar curarle. pero para cuando aprendió lo suficiente, ya fue demasiado tarde, y su padre murió en sus brazos. Aún así, la magia que había llegado a dominar era impresionante, y pensó, que podría traerle de vuelta.

Buscó y buscó hasta que encontró un libro negro en una biblioteca olvidada, y de allí un hechizo aprendió, que devolvía la vida a los muertos.

Cada día, su hermana le pedía que se detuviera, que su padre merecía descansar en paz, pero ella no le hacía caso, pensaba que nunca podrían sobrevivir en aquel mundo solas, así que siguió y siguió, hasta que un día consiguió abrir el portal que conectaba ambos mundos. Su hermana, aterrada al ver lo que acechaba al otro lado del portal, trató de detenerla, y en el forcejeo, Queta se golpeó contra la pared y quedó inconsciente, su hermana, sin saber que hacer la soltó. Al caer, la bruja se destrozó la parte derecha del cráneo contra la mesa de la sala, que habían tirado mientras peleaban y murió, pero el portal seguía abierto y parte de su alma logró volver a su cuerpo, pero solo parte, la parte más fuerte, la parte mágica, la parte que se aferraba desesperadamente a la vida. El espíritu alzó el cuerpo y se quedó en él, arrancando los pedazos rotos, y para mantener aquel cuerpo ya muerto, halló la solución y la venganza.

Devoró a su pobre hermana que ni siquiera alcanzó a moverse ante aquel horror, viendo, como su hermana, a la que había matado, se acercaba a ella arrancándose los pedazos rotos del cráneo. Como la agarraba con fuerza y hundía sus fauces desencajadas en su carne, sintiendo como le arrancaba la carne y la vida sin poder ni siquiera dejar ir un grito de terror. Adquirió así la bruja el gusto por las jóvenes y absorbió el alma de su hermana, fortaleciéndose, usando su carne y su energía para dar nueva vida a su cuerpo nueva vida a su cuerpo.

El tiempo pasó y con una máscara de porcelana y oscuridad cubrió su falta, y comenzó a buscar otras brujas por todo el mundo, guiada por una fuerza que no comprendía, algo que había salido de aquel portal adherido a los restos de su alma. Con el paso de los años, las décadas y los siglos, todo el interior de su cabeza fue pudriéndose y desapareciendo. Cuando estuvo completamente vacía, y su cuerpo no era más que una envoltura para su espíritu y aquella fuerza que la movía, un accidente hizo que su máscara se rompiese y que algunos trozos quedaran en su interior, provocando macabros ruidos cuando se movía hasta que logró sacarlos tiempo después. La cara de terror en los ojos de las pobres almas puras que devoraba cuando escuchaban aquel aterrador sonido le encantaba y desde entonces se dio a conocer como la Bruja Sonajero, la bruja de la máscara blanca.

Así logró sobrevivir, devorando sin control hasta llegar a ser la bruja más aterradora y poderosa del Imperio naciente de Luz. Gracias a ella decenas de ciudades habían caído, su nombre poblaba miles de historias que aún hoy hacen estremecerse a quienes lo escuchan, y cuando un joven mago llegó al imperio con tanto odio como ella guardaba, empezó a tramar un plan para adueñarse de todo lo vivo en el mundo.

Reunió poco a poco un ejército de brujas. La mayoría se unieron a voluntad, pero las que se negaban, eran sometidas y obligadas por el joven y prometedor mago. Con esas arañas y las brujas, más ciudades cayeron. El emperador que acaba de conocer a una bellísima joven, ordenó crear a la guardia imperial contra la magia, aconsejado por ella, y tras la enorme boda que sumió al imperio en alegría, la guardia, arrasaba con la magia allí donde la encontraba, logrando que los magos juraran lealtad al Imperio, y quemando a los que se negaban y a los brujos. La bruja Sonajero y su muchacho desaparecieron y el imperio se consolidó y creció más que nunca, expandiéndose a lo largo y ancho del vasto mundo. El emperador había encontrado a una mujer que además de bella era inteligente, y amaba a su esposa Sona con todo su corazón. Los años pasaron en paz hasta que la Bruja halló a una joven en Triada, uno de los pocos territorios aun sin conquistar por el creciente y poderosísimo Imperio de Luz, una maga que sería más poderosa que incluso ella o el propio mago mago que tanto la había ayudado, y pronto se hizo con ella y la llevó al imperio para dominarla, advirtiendo al mago que nunca debería despertar todo su poder, por qué de ese modo, ni la araña podría controlarla. Y así, con la araña en el pecho, la criaron y entrenaron hasta que llegó la hora de partir de nuevo a la batalla.


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