Enanos

“Vaya, vaya, así que necesitas un hacha nueva, ¿eh? Bueno, a cambio de las monedas adecuadas yo podría hacerte una de las de verdad, no como esas pequeñas y delicadas que fabricáis en la superficie. Ya verás, con esta obra de arte no habrá enemigo que se resista, ¡ni tampoco ninguna mujer!”.

Los Enanos son de las razas más resistentes de todo Ériandos y no solo por su portentoso físico, sino también por su inquebrantable testarudez. Se les puede encontrar tanto bajo el hielo de los polos como en las montañas de los desiertos de arena, y en todos los lugares intermedios, incluso bajo las rocas del fondo del mar. Inigualables artesanos de la roca y el metal. Ni siquiera el huesodragón puede resistírseles, si lo cogen lo bastante caliente.

Sus moradas se cuentan entre las más bellas de todas las obras no naturales, pues allá donde viven imitan lo que tienen encima y lo que encuentran debajo, haciendo que sus salones se sostengan en columnas como árboles tan altos, que ninguna obra humana podría igualarlas. En sus techos parece que surquen nubes de piedra tan ligeras que podrían moverse en el cielo de la superficie. Sus paredes corren como el agua y sus más grandes héroes viven para siempre esculpidos en el material que tanto veneran en vida.

Son más bajos que los elfos y los humanos, pero más recios y anchos, lo que les da un aspecto tosco y bruto, aunque no todos lo son. El simple peso que deben mover cada día les ha dotado de una musculatura extraordinaria y pese a lo que se cree comúnmente, su tesón y tenacidad les ha dotado de cuerpos trabajados. Su fama como constructores es tal, que muchos palacios elfos de la era antigua han sido construidos con su ayuda, pese a la actual distanciación de las razas. Sus armaduras y escudos no tienen parangón, y ellos mismos son más duros que algunas rocas, gracias a la dureza y densidad de sus huesos.

Disfrutan con la buena comida y bebida, sobre todo, de la carne asada y la buena cerveza, de la cual son expertos artesanos. Los varones suelen llevar barbas cuidadas y abundantes, y a todos les gusta adornarse con gemas y adornos que ellos mismos fabrican. Las gemas y los metales preciosos les encantan, por eso excavan en las profundidades de la tierra para encontrarlas, y han tenido que aprender a luchar para enfrentarse a los horrores que despiertan en sus incesantes búsquedas.

Sus cabellos gozan de una gran variedad de tonos, desde el blanco hasta el negro pasando por los rubios, castaños y rojizos, y son gruesos y resistentes como ellos mismos. Las mujeres enanas tienen una complexión similar a la de los hombres, pero tienen menos vello facial y un gusto sobre las tallas y las obras más que sobre las forjas y las armas.  

Pese a ser diestros artesanos, los enanos no tienen problemas en desempeñar trabajos de mercader, soldado, escolta… No les importa vivir en la superficie, aunque no es lo más común en ellos, ya que prefieren encontrarse entre paredes de roca, ya que bajo tierra, los enanos viven una vida continua, sin estar atados al sol, trabajan muchas más horas que los hombres, viviendo dos días antes de dormir unas cuantas horas. Además, pueden turnarse y no dejar paradas sus labores, ya que la luz de los túneles son ellos quienes la controlan, con sistemas de fuegos, aceites y gemas.

La tecnología de los enanos es la más avanzada de todas la civilizaciones de Ériandos, y es la que les ha permitido vivir bajo el agua, el hielo y el fuego de los desiertos más inhóspitos del mundo. La fortaleza de su interior, los hace más resistentes a la magia, tanto, que no son capaces de conectar con su energía, pero esa carencia, la han suplido con creces con su inteligencia y sabiduría, creando máquinas y mecanismos que les han permitido superar barreras que a otros ni siquiera se les han planteado todavía.


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Elfos

Estos seres, unidos de por vida a la magia del mundo y antaño respetados por todas las demás razas de Ériandos, se han recluido en la soledad de sus propias comunidades apartándose del resto del mundo y de ellos mismos. No es si no en contados lugares como en la Tríada o algunos asentamientos de los oscuros donde aún algunos conviven con el resto del mundo. Este aislamiento les ha convertido en seres misteriosos, en muchos lugares, enfrentados a otras razas e incluso entre ellos mismos.

Los elfos son los seres pensantes más antiguos de Ériandos, las primeras personas que hollaron la tierra del mundo, y ayudaron a levantar sus bosques y mantener las tierras bañadas en la luz. Antaño sentían aprecio por todas las cosas del mundo, incluidas las demás razas pensantes cuando fueron apareciendo, incluso llegaron a tener estrechos lazos con los hombres. Sin embargo, nada perdura para siempre y la guerra entre los que habían sido como hermanos se desató cruel y sangrienta. Nadie recuerda cómo empezó, pero tras arrasar el floreciente reino humano de Dracan, los elfos se enfrentaron a algo que jamás habían visto, la fuerza unida de todos los hombres. Tras la derrota, se dispersaron por todo el mundo, alejándose todo lo que pudieron de los herederos de Dracan, haciendo suyos los bosques para que aun cuando los hombres legasen a esas nuevas tierras, no pudiesen encontrarlos.

Sin embargo, no todos los elfos se enfrentaron a los hombres, algunos, que habían marchado bajo tierra antes de la guerra para perseguir y aniquilar viejos males hace tiempo olvidados, regresaron al mundo cambiados, y no sabían nada de la guerra con los hombres, y cuando lo supieron, no quisieron tomar partido. Los elfos se separaron para siempre, pues unos decían que los otros habían abandonado la luz, y otros no estaban dispuestos a aceptar órdenes ciegamente. Estos últimos buscaron refugio bajo tierra, pues los boques también estaban cerrados para ellos, y los humanos ya no confiaban en los elfos como habían hecho antaño.

Tanto unos como otros sienten un profundo respeto y amor por la naturaleza, aunque cada uno lo expresa de formas muy distintas, en ambos se refleja en sus ciudades y pueblos, indistinguibles de los entornos naturales que ocupan, sin importar si están en los bosques más altos o en las más profundas cavernas, están siempre decorados con cristalizaciones y agua, y dispuestos de tal manera que la mínima luz sea aumentada más allá de cualquier límite imaginable.

Gracias a sus largas vidas, los elfos atesoran innumerables saberes y los almacenan en gemas para mantenerlos a salvo de miradas indiscretas y que permanezcan solo al alcance de aquellos de su misa raza, aunque también pueden escribir, no lo hacen salvo en contadas ocasiones, como por ejemplo para decorar las entradas de sus moradas, sus ropas e incluso sus armas.

Tras la guerra con los humanos, mucha de esta sabiduría se ha perdido, pero, aun así, los elfos continúan ostentando la corona de la sabiduría, pues ni con esa pérdida ninguna otra raza puede igualar sus conocimientos. Los elfos respetan la pureza y las artes, por lo que aún se dejan impresionar por los grandes artistas de otras razas, si logran igualar sus obras, o por los grandes guerreros, pues la guerra, como todo lo que practican, es para ellos un arte también.

A pesar de todo, aquellos que se han ganado la amistad de un elfo saben que es algo para toda la vida, algo que perdurará más allá de la muerte de uno mismo, y aunque no sea sencillo conseguirlo, es algo de un valor inestimable, pues abre las puertas para conocerlos más allá de su capa de misterio y fantasía.


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Hombres

Los Hombres son la especie más común y a la vez más variada de Ériandos. Pueblan la mayor parte del mundo y dominan a la mayoría de especies con las que conviven. Su naturaleza no es mágica, aunque algunos afortunados (o desafortunados, según se mire) son capaces de dominar el poder de la magia. Son muy tenaces y de fuertes convicciones, cuando se ponen una meta, no suelen rendirse, pero la mayoría son fácilmente corruptibles por el poder o la riqueza, por los que causan infinidad de conflictos con otras razas e incluso entre ellos mismos.

Las sociedades humanas, se rigen por sistemas de clases, más o menos permeables y rígidos. Cuando los hombres conviven con otros seres, muchos crean vínculos que van mucho más allá de un simple dominio. Reservando esa superioridad dominante a las clases más poderosas, la gente común es amigable y muchas veces más abierta que los estratos superiores de la sociedad, que suelen ser más desconfiados y herméticos. No es extraño ver humanos aliándose con especies de lo más variopintas para lograr sus fines, y tampoco es extraño que esas alianzas terminen en amistades u odios, pues son una raza de sentimientos fuertes y cambiantes, un hombre protegerá a alguien con su vida y también dará su vida por acabar con alguien si así lo dicta su corazón.

Pese a que su paso por el mundo es efímero si se compara con el tiempo de los elfos, los hombres tienen un fuerte deseo de ser recordados y perdurar en el mundo a través de sus obras, de su legado. En muchos casos, esta es la fuerza que les empuja a buscar poder, poder para perdurar, para ser recordados e incluso, en los casos más extremos, para lograr la inmortalidad literalmente, siguiendo las más peligrosas sendas de la magia. Esto les impulsa a tratar de cambiar el mundo que les rodea, ya sea para bien o para mal. No es extraño ver estatuas de reyes o campeones pasados en las ciudades humanas, ni monumentos para honrar las obras de algunos de sus congéneres. Este legado puede ser muy variable, desde un rey que desea ampliar su reino, hasta un granjero que desea dejar a sus hijos una buena tierra para que puedan vivir de ella. Dentro de las posibilidades de cada individuo, todos ansían lo mismo, la inmortalidad en la memoria colectiva de sus propios congéneres.

Los humanos no buscan ni abrazan el mal por naturaleza. Su búsqueda más incesante es la de poder, pues el poder es lo que les permite con más facilidad alcanzar sus metas, y esa búsqueda puede abocarles al mal si no van con cuidado, o a sucumbir a voluntades malvadas que muevan sus actos. Como en todo, hay excepciones, y se pueden encontrar humanos malvados de por sí, pero por lo general, suele haber algún motivo tras esa maldad aparente, como también pueden encontrarse humanos poderosos benevolentes, o buenas intenciones tras actos cuestionables.

Los hombres prefieren vivir en compañía, pues son seres sociales que disfrutan de la interacción de unos con otros. A veces no se limitan a la compañía de otros hombres, sino también a la de individuos o colectivos de especies distintas. En algunas ocasiones pueden encontrarse hombres solitarios o ermitaños, pero no es lo común. Los grupos, las familias, los pueblos, las ciudades, los reinos, etc. Los humanos buscan agruparse para ganar fuerza y apoyo y conseguir sus metas con mayor facilidad. Estas agrupaciones son en realidad sus mayores logros y fortalezas, pues gracias a esto es como han sido capaces de llegar a donde están ahora, repartidos por todo el mundo y prosperando incluso por encima de razas mágicas y más poderosas.

El rasgo más destacable de la especie es su capacidad para adaptarse a cualquier entorno y situación, es esto lo que les ha permitido dominar todo Ériandos. Este rasgo les ha empujado a construir ciudades, fortalezas, monumentos que abarcan todas las formas imaginables. También es por esto por lo que podemos encontrar muchas variedades de hombres a lo largo y ancho del mundo.


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