Despertar

Abrió los ojos despacio. La luz no era todavía muy fuerte, pero aún así le molestaba. Se incorporó y se quitó las legañas.

Había vuelto a ese sueño que odiaba, esa pesadilla de la que no podía escapar. El ruido, los gritos y aquel desagradable olor estaban en todas partes. Los llevaba pegados a la piel y no podía deshacerse de ellos.

Abrió el armario y miró su ropa. Eligió cuidadosamente cada pieza, no siguiendo sus gustos ni la moda, si no guiándose por lo que le parecía que llamaría menos la atención. Quería evitar por todos los medios que todos los seres que moraban en ese mal sueño repararan en su presencia. Sabía que era difícil, ¿cómo van a dejarte en paz las cosas que viven en tu propia pesadilla? Era imposible, sin embargo, era mejor intentarlo que resignarse, o eso pensaba.

Pasó el tiempo, y como en cualquier otro día sintió que no era nada, ni nadie. Y cada ser con quién se encontraba parecía recordárselo. Esas cosas que se le parecían, como si fueran todas iguales, pero que lograban darle golpes de las formas más variadas y diferentes que podía imaginar, de hecho, si algún día imaginaba una nueva forma, no tardaban en llevarla a cabo. Solo hay una forma de salir de una pesadilla. Cuando la noche cayó, imparable, cómo siempre, una tímida sonrisa le empezó a invadir el rostro. Fue creciendo hasta que se metió en la cama de nuevo. Estaba feliz, por qué por fin iba a despertar.


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