Tras los hilos Dorados

La aldea de Alba, un pequeño grupo de casas al oeste de Luz, era ahora una prisión para sus habitantes, y estos, condenados a muerte a no ser que tuviesen mucha suerte y pudiesen ser esclavos de por vida. Cruat, un joven y oscuro mago llevaba sus experimentos a cabo con aquellos pobres. Hasta ahora, había conseguido sintetizar una substancia capaz de controlar la mente de cualquiera si se le suministraba la cantidad adecuada, muy poca no le haría completamente esclavo y mucha lo convertiría en un cadáver o un deficiente.

Practicó durante años exterminando a media aldea, hasta que una noche, justo antes de quedarse dormido, una araña le picó entre el índice y el pulgar, haciendo que la solución se estrellara contra su frente al tiempo que su cerebro procesaba el agudo pinchazo de dolor. Lo primero que hizo, fue extraerse el veneno de la araña, y después durmió. Al alba, partió a la capital para exigirle al emperador un inventor para poder llevar su proyecto a cabo. El emperador se lo concedió, y pronto se hallaba con el hombre, explicando su idea y cómo desarrollarla. El inventor le pidió oro y una ampolla de cristal. Llenó la ampolla con la rojiza sustancia que Cruat había creado, y con el oro y algunos engranajes y tornillos construyó una rudimentaria araña que administraría las dosis exactas de sustancia para mantener al portador controlado y para matarlo si este trataba de extraerse la araña.

Cruat probó el nuevo invento y resultó un éxito, hasta que el veneno se acabó y la araña ya no lo seguía suministrando. Volvió a hablar con el inventor y este mejoró la araña para que cuando quedase la cantidad justa de veneno para matar al portador, esta avisase a Cruat, y también instaló un dispositivo que hacía que la araña se soltase si se accionaba un botón oculto entre sus colmillos, con los que administraba la sustancia. Tras el éxito de las pruebas, el inventor mejoró la estética para que quien lo viese pensara que se trataba de un adorno, y fue entonces cuando Cruat presentó su primera araña al emperador. Tras el visto bueno, Más arañas fueron fabricadas, y Cruat fue nombrado mago supremo y caudillo de la brujas.


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La reina y la bruja

Angélica era una muchacha sencilla cuya madre se ganaba la vida cuidando los animales de los Castillalto, en el Valle de los Ángeles.

A ella le encantaban los caballos, y pasaba los días acariciándolos y cepillándolos mientras su madre se encargaba del resto. El señor del castillo estaba tan acostumbrado a verla por allí que había aprendido su nombre, y, a menudo le regalaba ropa de su propia hija cuando a esta se le quedaba pequeña. No hace falta decir que Angélica destacaba entre el resto de la gente de su aldea, y no tuvo que pasar demasiado tiempo cuando empezó a levantar envidias.

Entre la gente de la aldea empezaron a correr rumores. El más típico era que el Señor gustaba de la compañía de la niña durante las noches, y, aunque no era cierto, la verdad no bastó para acallarlo.

No parecía que aquello molestase a la muchacha. Ella seguía viviendo bien, cuidando de los animales junto a su madre y pasando los inviernos caliente gracias a las ropas viejas del castillo. Sin embargo, una mañana gris y lluviosa llegó al castillo una carroza tirada por dos temibles dracos de escamas brillantes y miradas frías. Aquel día, llegó una mujer del norte, Axara. Bella como un campo nevado y dura como el mismísimo hielo conquistó el corazón del Señor del castillo como solo las gentes del norte saben hacerlo.

Ambos se casaron al poco de conocerse, y la mujer fría fue gentil también con la muchacha, a pesar de los rumores y habladurías. Le enseñó a acercarse a los dracos, a entender sus necesidades y sus deseos, y a deber cuando se está a salvo y cuando no. Aquella mujer no parecía ver la diferencia entre la nobleza y la gente de a pié, y aquello era algo que ni la muchacha ni nadie había conocido hasta ahora. Sin embargo, la enfermedad se llevó a su madre y el Señor la acogió en el castillo.

Las habladurías se daban por confirmadas y la gente, corroída por la envidia se erigió en defensa de la señora. Una defensa que ni había pedido ni necesitaba, pues la muchacha se limitaba a vivir su vida siguiendo con el oficio que su madre le había enseñado. Aún así las voces ignorantes a veces hablan tan alto que es imposible ignorarlas. El Señor, tuvo que intervenir, pese a que su esposa trató de evitarlo, y para asegurar el bien de muchos, tuvo que ejercer el mal sobre un inocente. Echó a la muchacha del castillo y la privó de su trabajo. En el pueblo la repudiaron, acusándola de pecados que no eran suyos y hablándole desde el odio más irracional. Ella cogió lo poco que le quedaba y huyó al bosque, aunque no pudo llegar muy lejos, pues fue devorada por una manada de lobos. Sin embargo, eso nadie lo sabía, y quiso el destino que el Señor enfermase repentinamente aquel mismo día, y tiempo faltó en el pueblo para que la pobre muchacha fuera llamada bruja al grito de todos, y con ese cántico subieron al bosque armados con fuego y orcas, en aras de darle caza.

Pero la envidia y la ira son pecados capitales que nublan la mente y ensombrecen el alma, y en el bosque no hallaron ninguna bruja, pero si lobos. Decenas de lobos con decenas de dientes. Los que no cayeron en seguida, trataron de huir de vuelta al pueblo, donde la Señora del Castillo había bajando para tratar de detener la locura desatada contra la muchacha, y explicaba a algunos aldeanos que habían quedado que la niña no había sido responsable de la enfermedad de su esposo.

Los lobos fueron tras ellos, y devoraron a toda alma que allí habitaba. Sin embargo, cuando habían rodeado a la reina norteña, un venado salió del bosque y todos los lobos echaron a correr para darle caza, como si hubieran olvidado a la mujer, la única que había permanecido firme y no se había dejado engañar por envidias y rumores.


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La historia de mi muerte

Sus palabras resonaban en sus oídos: «no habrá más dolor, ni sufrimiento. Acepta mi propuesta, ya sabes cuál es la alternativa.» Ciri estaba totalmente inmóvil, no le hacía falta girarse para ver que detrás suyo esas criaturas babeantes no iban a darle una muerte digna y que esos mismos jugarían con ella durante meses. Podía aceptar una muerte en la batalla, con honor, pues sabía qué podía esperar de sus contrincantes allí.

-Decídete, mi oferta no durará para siempre. 

Esa frase la sacó de su ensimismamiento y la devolvió a la realidad, ella nunca podría renunciar a Ela para salvar su vida. Empezó a rezar, desarmada era la última acción desesperada que tenía y realmente no tenía nada que perder 

-Ela, escucha a esta humilde sierva y protégela de todo mal…

Lo que sucedió después hizo que se le helara la sangre, esa hermosa mujer que se encontraba delante suyo se puso a reír a carcajadas. 

– Ilusa, si crees que te hará algún caso, hace tiempo que no os escucha. ¿No os habíais dado cuenta? Ya he perdido suficiente el tiempo contigo – Hizo un pequeño gesto con la mano y uno de esos seres me cogió del brazo – Quitádmela de mi vista, podéis hacer con ella lo que queráis.

Cabizbaja los siguió, aguantó toda clase de obscenidades sólo para conseguir una cosa, hacer creer a esos seres que estaba vencida. En un momento, esos seres habían perdido la poca disciplina que podían tener y sólo hablaban de las humillaciones a la que la someterían. Fue fácil desarmar a uno de ellos, y por un instante se planteó la posibilidad de huir, pero no podía dejar sola a su compañera, no habría sido honorable. Así que se giró y corriendo fue a clavarle su espada en el pecho de la mujer. Horrorizada, sólo pudo contemplar como esa mujer la miraba con sus gélidos ojos. Intentó avisar a su compañera que huyera, pero sintió dos puñaladas cerca del cuello que hicieron que su vida se le escapase lentamente. Mientras caía, sólo pudo ver como una ligera sonrisa iluminaba el rostro de la mujer, sin prestar el más mínimo interés en esa espada que le sobresalía del pecho…

REDACTADO POR: GEMMA SÁNCHEZ


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Tikal

En tierras nevadas
del Imperio Beliondés,
había una bestial
de grisácea piel.

Al abrigo de la noche,
en un casi amanecer,
una sombra la perseguía
y la hizo caer.

Sus ojos esmeralda
la Oscuridad cerró
y una extraña profecía
dio comienzo a la función.

Un campamento de Luz
y una bella Oscuridad,
estaban en guerra,
una guerra sin igual.

Desconfiada
la enfrentó,
pero está le ofreció
un mundo de libertad sin dolor.

Siguiendo al gran Haier
y al charlatán Delmar,
acabaron en una cueva
de estatuas siniestras.

Tras mucho divagar,
decidieron romperlas
y seguir
a las Tinieblas más bellas.

Empapada en sudor,
en su cama despertó,
la duda le oprimió el corazón,
una carta de Tinieblas llegó.

Partió sin demora,
dejando atrás a su opresor,
en su corazón el anhelo
de volver a verlos.

Tras meses los encontró
y una bestia feroz
con veneno lo intentó,
pero su muerte halló.

Los tres continuaron
y tras compañeros poco fiables
una bruja infame, unos elfos y un dragón,
acabaron en un campo por una nueva visión.

En un tanque durmiente,
Esmeralda se hallaba,
la bella Oscuridad
que por ellos llamaba.

La llevaron a un templo
abandonado hace tiempo,
a punto estuvo Tikal
de perder el aliento.

Al ver el fracaso
decidió abandonarles,
jurando a Tinieblas
volver fuerte y ayudarle.

Un sacrificio,
un nuevo cuerpo,
una promesa,
un oficio.

Bestial liberta,
de monstruos cazadora,
hacia Eidel partía,
una nueva sorpresa aparecía.

Sus amigos la daban muerta,
la habían visto arder
por hereje en la hoguera,
por seguidora de Tinieblas.

Tras el encuentro,
Eidel esperaba,
y allí la chica
que su ayuda necesitaba.

Una gran explosión,
el suelo se abrió
y a todos devoró,
abajo la sala y la puerta.

Abajo la mesa negra,
la joya esmeralda,
esperaba un sacrificio,
la chica debía estar muerta.

Tikal a Haier pasó la daga,
este la ejecutó
y Tinieblas volvió
su agradecimiento dió.

Los tres son Tinieblas,
pues en Tinieblas viven,
ellos son Tinieblas
y a Tinieblas sirven.

ESTA CANCIÓN NOS LLEGA DE LA MANO DE:

CONSTANTINO IRIS

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Cuentos de Brujas

No toda la magia es mala, es más, ninguna magia es mala. Lo malo son los usos que las personas pueden llegar a dar a la magia. Por suerte, yo no soy mago, si no podríais ir preparándoos, pero sí hay gente que puede controlarla, y hay que guardarse de ellos.

En tiempos antiguos, cuando todos los elementales aun vivían en Ériandos y todos los hombres eran guerreros, vivían en la ciudad élfica de Luzestrella, que después se conocería como la Capital Imperial de Luz, un padre con sus dos hijas, Queta, la mayor y Marga, la más joven. No tenían mucho, pero es que nadie tenía mucho en aquella época. Vivían felices con lo que conseguían, pero un día, los elfos se marcharon a los bosques, y las enfermedades llegaron a la ciudad, el sueño negro y con ellas, la muerte.

Su padre cayó enfermo, y fue cuando la hija mayor decidió sacar partido a sus secretas habilidades e intentar curarle. pero para cuando aprendió lo suficiente, ya fue demasiado tarde, y su padre murió en sus brazos. Aún así, la magia que había llegado a dominar era impresionante, y pensó, que podría traerle de vuelta.

Buscó y buscó hasta que encontró un libro negro en una biblioteca olvidada, y de allí un hechizo aprendió, que devolvía la vida a los muertos.

Cada día, su hermana le pedía que se detuviera, que su padre merecía descansar en paz, pero ella no le hacía caso, pensaba que nunca podrían sobrevivir en aquel mundo solas, así que siguió y siguió, hasta que un día consiguió abrir el portal que conectaba ambos mundos. Su hermana, aterrada al ver lo que acechaba al otro lado del portal, trató de detenerla, y en el forcejeo, Queta se golpeó contra la pared y quedó inconsciente, su hermana, sin saber que hacer la soltó. Al caer, la bruja se destrozó la parte derecha del cráneo contra la mesa de la sala, que habían tirado mientras peleaban y murió, pero el portal seguía abierto y parte de su alma logró volver a su cuerpo, pero solo parte, la parte más fuerte, la parte mágica, la parte que se aferraba desesperadamente a la vida. El espíritu alzó el cuerpo y se quedó en él, arrancando los pedazos rotos, y para mantener aquel cuerpo ya muerto, halló la solución y la venganza.

Devoró a su pobre hermana que ni siquiera alcanzó a moverse ante aquel horror, viendo, como su hermana, a la que había matado, se acercaba a ella arrancándose los pedazos rotos del cráneo. Como la agarraba con fuerza y hundía sus fauces desencajadas en su carne, sintiendo como le arrancaba la carne y la vida sin poder ni siquiera dejar ir un grito de terror. Adquirió así la bruja el gusto por las jóvenes y absorbió el alma de su hermana, fortaleciéndose, usando su carne y su energía para dar nueva vida a su cuerpo nueva vida a su cuerpo.

El tiempo pasó y con una máscara de porcelana y oscuridad cubrió su falta, y comenzó a buscar otras brujas por todo el mundo, guiada por una fuerza que no comprendía, algo que había salido de aquel portal adherido a los restos de su alma. Con el paso de los años, las décadas y los siglos, todo el interior de su cabeza fue pudriéndose y desapareciendo. Cuando estuvo completamente vacía, y su cuerpo no era más que una envoltura para su espíritu y aquella fuerza que la movía, un accidente hizo que su máscara se rompiese y que algunos trozos quedaran en su interior, provocando macabros ruidos cuando se movía hasta que logró sacarlos tiempo después. La cara de terror en los ojos de las pobres almas puras que devoraba cuando escuchaban aquel aterrador sonido le encantaba y desde entonces se dio a conocer como la Bruja Sonajero, la bruja de la máscara blanca.

Así logró sobrevivir, devorando sin control hasta llegar a ser la bruja más aterradora y poderosa del Imperio naciente de Luz. Gracias a ella decenas de ciudades habían caído, su nombre poblaba miles de historias que aún hoy hacen estremecerse a quienes lo escuchan, y cuando un joven mago llegó al imperio con tanto odio como ella guardaba, empezó a tramar un plan para adueñarse de todo lo vivo en el mundo.

Reunió poco a poco un ejército de brujas. La mayoría se unieron a voluntad, pero las que se negaban, eran sometidas y obligadas por el joven y prometedor mago. Con esas arañas y las brujas, más ciudades cayeron. El emperador que acaba de conocer a una bellísima joven, ordenó crear a la guardia imperial contra la magia, aconsejado por ella, y tras la enorme boda que sumió al imperio en alegría, la guardia, arrasaba con la magia allí donde la encontraba, logrando que los magos juraran lealtad al Imperio, y quemando a los que se negaban y a los brujos. La bruja Sonajero y su muchacho desaparecieron y el imperio se consolidó y creció más que nunca, expandiéndose a lo largo y ancho del vasto mundo. El emperador había encontrado a una mujer que además de bella era inteligente, y amaba a su esposa Sona con todo su corazón. Los años pasaron en paz hasta que la Bruja halló a una joven en Triada, uno de los pocos territorios aun sin conquistar por el creciente y poderosísimo Imperio de Luz, una maga que sería más poderosa que incluso ella o el propio mago mago que tanto la había ayudado, y pronto se hizo con ella y la llevó al imperio para dominarla, advirtiendo al mago que nunca debería despertar todo su poder, por qué de ese modo, ni la araña podría controlarla. Y así, con la araña en el pecho, la criaron y entrenaron hasta que llegó la hora de partir de nuevo a la batalla.


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¿Siempre fue así?

En una isla, en medio de un lago, rodeada de montañas, se alza la ciudad de Uxuss, reina del Valle. Y allí, en el Valle de Uxuss, es dónde los mejores Guerreros del Viento son criados y entrenados. Allí, es dónde nació una niña muy especial, una niña con los ojos violeta, y ese color le dio nombre.

Criada entre soldados, como todas las niñas del Valle, creció Violeta. Largos mechones del color del fuego crecieron con ella, encerrada por sus padres por miedo a que los demás no la aceptasen, por miedo a sus ojos.

Al estar sola, a la niña no le quedó más remedio que aprender a jugar y vivir con su imaginación, y pronto pudo hacer cosas que la mayoría ni se imaginaba.

Llegó el día, en que, como todos los niños de su edad, guerreros o no, fue llamada a la Real Academia del Saber, donde, desde que la familia Acantiladorojo la fundó, todos los niños a partir de los siete años debían acudir para ser instruidos en todo, estrategia, dominio de las armas, ciencia, medicina, literatura, supervivencia y matemáticas.
Allí llegó la niña, y, como sus padres le habían dicho, no miraba a nadie a los ojos hasta que a tropezar fue con el borde del campo de entrenamiento de los pequeños Guerreros del Viento al ir distraída leyendo uno de esos libros que tanto le gustaban. Cayó al lado de una espada de madera, y unos amables brazos la recogieron del suelo y, luego, también a la espada. Un niño con unas suaves alas blancas la había levantado, y la niña no pudo evitar mirarle a los ojos, ojos verdes agrisados como las hojas de los bosques del Valle. Él también la miró, y le tendió la mano.

—Soy Diego Acantiladorojo, un placer haberte conocido.

Así empezó una amistad que duró años. Jamás se separaban a menos que fuese indispensable, hasta que las guerras que nunca acababan, las Guerras Cálidas llegaron al Valle, y al estar la mayoría de guerreros combatiendo en el frente del sur de Gorgótem, una escuadra de licos logró entrar en el Valle y llegar hasta los niños, y al verlos, coger a Diego, que valientemente se había interpuesto entre los monstruos y la chica. Una enorme bestia blanca, fue a por él, y tras algo de lucha lo aprisionó entre sus garras. Fue entonces cuando las manos de la chica se encendieron en llamas y cuando los licos se dieron cuenta de que ella era la presa más valiosa en aquella sala. Otro lico se adelantó para cogerla y cuando los tuvieron a ambos, salieron de allí. Una flecha certera atravesó al monstruo que sujetaba al chico, y este quedó libre, y corrió tras la chica hasta que no pudo más.

Ella, cuando dejó de verlo entre las ramas, aun pudo oír como a gritos, el muchacho juró que la encontraría y que nunca dejaría de buscarla. En ese momento, una mujer con una máscara apareció de repente en medio del camino y deshizo a los monstruos con un movimiento de mano.

—Soy Sona, he venido a protegerte y enseñarte.

La bruja cogió a la chica y ambas desaparecieron de allí, y aparecieron en la capital del Imperio de Luz, en la sala del trono. Allí, la bruja cogió una araña dorada y la puso en el pecho de la chica, la que se desmayó al notar el doloroso mordisco del mágico objeto.

Esa araña creció con ella mientras la bruja le enseñaba poderes inmensos, hasta que un día, un hombre entró por la puerta. Y la bruja le contó la historia de Violeta. Entonces él habló y la araña brilló por primera vez, y la chica hizo exactamente lo que el hombre le dijo, y de nuevo, los tres partieron hacia Gorgótem, avisados por un mago de que la Triada estaba cayendo.

Allí, Cruat comenzó su venganza, utilizando a la muchacha para controlar a la población, y todos la conocieron como Bruja Púrpura, y, hasta que uno de los cabecillas rebeldes, JJ, entró en el castillo para acabar con su reinado y su dolor, Diego y Violeta no volvieron a estar juntos.


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