La espada

-Será un trabajo fácil, ya lo verás. – Iba repitiendo esas palabras en su cerebro, en bucle, sin dejar de temblar. Cuando cerraba los ojos únicamente podía ver ese aliento verdoso y como su hermano se desintegraba delante suyo, la piel se iba deshaciendo lentamente sobre sus huesos con la boca abierta en una mueca de dolor. Pero en su cerebro ya no escuchaba ese grito, solo reverberaba la palabra ladrona. Notaba un dolor sordo en la mano derecha, mientras seguía sujetando ese fardo contra su pecho. Durante todo el trayecto le pareció notar que alguien la miraba y por el rabillo del ojo veía esos ojos rojos clavados en ella, pero al girarse no veía absolutamente a nadie. Miro a lado y lado de la calle y cruzó hacia ese edificio, que lucía un tambor roto en su fachada.

Una semana antes vino mi hermano a hablarnos de un negocio en la taberna donde nos alojábamos, el Yunque Roto

-He conseguido la oportunidad de negocio perfecta, solo tenemos que explorar un antiguo túmulo y revisar si hay algún tesoro que podamos llevarles, dicen que hay una espada que puede cortar cualquier cosa

Siguió hablando de todas las cosas que podríamos comprar con la recompensa, pero ella solo podía pensar en esos extraños apodos que le había dado su hermano a los tipos que se le ofrecieron, el caballero, la rata y la muerte. Escondió un escalofrío y elevó una plegaria a Ela, hacía demasiado que no pasaba por uno de sus templos. Quizá, después de este encargo podría hacerlo.

Llevó un par de días llegar a ese túmulo, flores marchitas adornaban la entrada cubierta de musgo y enredaderas. Parecía que hacía mucho tiempo que esa entrada no era hollada por nadie. En la entrada había una losa donde aparecía una inscripción medio borrada que ninguno de ellos entendió. Entre dos pudieron apartarla y pudieron observar un inmenso pasillo que descendía hacia las profundidades de la tierra. Ella se quedó la última, como siempre en este tipo de empresas.

– No quiero que te pase nada hermanita, me sentiré más seguro si vas al final. Igualmente, ¿Qué harás tú en caso de peligro? ¿Encandilarle con tu precioso baile?

El estrecho túnel los condujo hasta una sala a oscuras, las luz de las antorchas que llevaban se reflejaba en las monedas, joyas y demás abalorios que la poblaban. Inmensas columnas estaban repartidas por doquier y el suelo crujía bajo sus pies, aunque ninguno de ellos le prestó atención a este sonido. Sus ojos estaban fijos en esa fortuna, los ojos de todos excepto los de ella. Vio, casi escondida por una montaña de monedas, una espada y la tomó entre sus brazos

– No se porque pero no puedo dejar de mirarla, ¿crees que será una de esas espadas famosas y me convertiré en alguien importante?

Nunca obtuvo respuesta, del fondo de la sala vio cómo se expandía algo verde mientras el suelo temblaba y un inmenso rugido hacía que se estremeciera.  Alargó la mano por reflejo pero lo único que consiguió fue quemarse las yemas de sus dedos. Y dio media vuelta y corrió, sin mirar atrás mientras oía en su cabeza una palabra. Ladrona.

Cruzó el umbral de la taberna y un intenso olor dulzón inundó sus fosas nasales. A su izquierda un grupo cantaba y tocaba distintos instrumentos. Seguramente se hubiese puesto a bailar en otras circunstancias, pero en esos momentos solo quería hacerse un ovillo y desaparecer. El peso de la espada la volvió a traer a la realidad y avanzó decidida por la taberna hasta dar con una mesa algo apartada, entre botas de vino y cerveza. Allí estaban los tres, pero solo se fijó con el de su derecha. Alargó una mano huesuda y le ofreció una copa. Y sobrevino la oscuridad.

Despertó desnuda, dolorida y sola en una de las habitaciones de la misma posada, con una bolsa de monedas al lado de la cama. Al menos con eso podría seguir perdiendo la consciencia durante una buena temporada. Y sin ningún otro propósito en su vida, se vistió para empezar a gastar las monedas de esa bolsa.

REDACTADO POR: GEMMA SÁNCHEZ


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La ofrenda

Había recorrido ese bosque durante toda la noche, buscándolo iluminada sólo por la luz de las estrellas. Aún llevaba ese hatillo pegado a su cuerpo, algo sudado por la larga caminata. Le habían dicho que allí podría pedir cualquier deseo si estaba dispuesta a pagar el precio. Le costaba seguir el ritmo, pero sabía que si tardaba mucho en llegar él moriría. Llegó al claro y contuvo el aliento antes de dejar la seguridad de los árboles y adentrarse en dirección a las rocas. Acarició su abultado vientre, sintiendo como ella se agitaba en sueños, dando débiles patadas y puñetazos que notaba a través de su piel.

– Pronto estará todo arreglado pequeña, sólo faltan unos metros. 

Musitó, mientras un pequeño escalofrío recorría su espalda. En el hatillo que colgaba de su espalda se encontraban esas alhajas que le había regalado su madre cuando cumplió los dieciséis. A simple vista parecían joyas de plata, ennegrecidas por el paso de los años, pero al mirarlas con la luz adecuada desprendían un brillo rojizo. Recorriendo ese bosque recordó la alegría que sintió al recibirlas y cómo se sintió al ponérselas por primera vez. Eran unos pendientes con un pequeño topacio engarzado en cada uno de ellos, que parecían dos pequeñas gotas de sangre y con filigranas bañadas en oro bruñido; un pequeño colgante con un ópalo tallado en forma de corazón y un par de brazales, uno con grabados de flores y el otro de frutos. Al moverse chocaban entre ellos y casi parecía que seguían el ritmo de una música invisible. 

– Los recibí de mi madre y ella de la suya, me contó que fueron forjados por Mirel Tallador, una hermosa enana que se enamoró de un humano que se fue de sus tierras para aprender el arte de la forja. Se presentó ante el clan como Topacio y se enamoró de él nada más verlo. Le enseñó todo lo que sabía del arte de la forja mientras en secreto forjaba estas joyas, con el deseo oculto de conquistar su corazón. No se sabe exactamente cómo la rechazó, sólo que al final la joven se quitó la vida y su sangre bañó estas joyas. Si las miras atentamente verás que tienen un extraño brillo rojizo y a mí a veces me pareció escuchar un llanto proveniente de ellas. 

No creyó en sus palabras, aunque era cierto que con ellas puestas ningún hombre ni mujer podía dejar de mirarla. Había bailado hasta la extenuación en el último festival de la cosecha y fue elegida la reina, y con eso consiguió casarse con Tomás. Tenían una vida perfecta hasta que empezó esa absurda guerra y tuvo que ir a combatir al frente, por mucho que le imploró no pudo hacerle cambiar de idea. Se alegró al ver que regresaba tan pronto del frente, pero las heridas que traía no se cerraban por mucho esfuerzo que dedicaran tanto médicos como magos en tratarlas. 

Perdida en sus pensamientos tropezó con una raíz oculta y cayó de rodillas, lacerándose una de ellas. Ahogó un pequeño grito, se puso en pie y siguió avanzando poco a poco hacia las rocas.

Tocó una de las piedras y lanzó la oración que había aprendido cuando era pequeña, casi parecía que hacía siglos de eso. 

– He llegado aquí con mis objetos más preciados para ver cumplido el deseo más profundo de mi corazón. 

Justo después de pronunciar estas palabras la vio, parecía la mujer más hermosa que había visto nunca, con el pelo blanco como la nieve y las mejillas y los labios sonrosados, y unos ojos grises que la miraban algo divertidos. 

– Veo que has cumplido tu parte del trato, así que yo cumpliré la mía. 

Se acercó a ella, le puso la mano en el vientre y musitó algo, aunque ella no logró entenderlo. Con horror vio que su vientre se deshinchaba. Intentó gritar, pero de su garganta no brotó ningún sonido. 

– La cuidaré y terminará siendo una criatura del bosque, como yo. Puedes ir junto a tu esposo, te estará esperando en casa.

Huyó de allí y recorrió el bosque corriendo, casi parecía que volara entre los árboles, sin terminar de procesar todo lo que había ocurrido en ese claro. Al llegar a casa y ver la mirada inexpresiva de su esposo que la observaba en el umbral de la puerta recordó de golpe cómo terminaba la historia que le contó su madre, hacía casi una eternidad:

– Pero vigila los pactos que hagas con ellas y sé cuidadosa con tus palabras y tus pensamientos, pues siempre cumplen lo acordado de forma literal y tienen un retorcido sentido del humor. 

Y con esas palabras por fin pudo gritar.


ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE

GEMMA SÁNCHEZ

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Bailes de Ninfas

Desde la ventana de mi habitación,
veía a las ninfas bailando.

Danzaban sin prisa y con emoción,
alrededor de un estanque.

Cuatro bajaban siguiendo el arroyo,
Mientras mis armas afilaba.

Todas se inclinaban pidiendo apoyo,
a la bella diosa del bosque.

Vestidas enteras con trajes de gala,
cosidos con amor y hojas.

Siempre la misma cogía de mi ala,
una pluma blanca alargada.

Danzaban sin tregua hasta el amanecer,
bajo mi atenta mirada.

Si caía y el cansancio vencía sin querer,
en mi cama despertaba.

Las ninfas ya no han vuelto a bailar,
porque la guerra ha vuelto.

Partiré a la batalla y empezaré a cantar.
Para que las ninfas vuelvan a danzar.


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La despedida

Se despertó como cada mañana con el sonido de los carros y como iba siendo costumbre volvió a descubrir la almohada húmeda, ya hacía demasiado tiempo que había desaparecido. Se levantó y vistió deprisa, intentando olvidarse de las pesadillas de la noche. Terminó de limpiarse la cara y se observó unos instantes en el espejo. Su pelo rojizo, demasiado corto según su madre, estaba algo enmarañado y sus ojos verdes mostraban las señales de haber estado llorando, pero no tardó demasiado en estar algo más presentable.

Antes de salir de la habitación vio la daga que le había regalado su hermano, con la filigrana en forma de rosas en la empuñadura y su nombre bordado en la funda. Empezó a notar cómo le iban brotando las lágrimas y se las limpió con el borde de su manga. Se puso la daga en el cinto y se dispuso a bajar, no quería llamar aún más la atención de sus padres, quería que estuviesen de humor con el anuncio que haría después del desayuno. Se limpió las manos en su vestido, pese al frío que hacía en el exterior estaba sudando. Empezó a poner la mesa, aún distraída por el recuerdo de sus sueños y también intentando estructurar su discurso de despedida. ¿Lo aceptarían sin más? Pero una voz conocida la sacó de su ensimismamiento

Anya, quita uno de los cubiertos de la mesa, ya sabes que tu madre ya lo está pasando suficientemente mal desde que tu hermano fue a perseguir sus sueños de convertirse en soldado.

Sólo pudo asentir a la voz de su padre, guardándolo otra vez con presteza. Ayudó a su madre a preparar la comida, aunque se limitó a cortar la fruta que acompañaba huevos y panceta. 

Deberías aprender a cocinar mejor y olvidar esos sueños que tienes de ver mundo. Por cierto, el otro dia vino Jordi preguntando por ti – comentó con una sonrisa algo pícara –, veo que despiertas las mismas pasiones que cuando yo era joven. En el próximo baile te dejaré ese precioso vestido verde, seguro que así podrás escoger a algún chico guapo, me gustaría poder ver a algún niño correteando por la cocina.

Su madre siguió parloteando, sobre cómo sería la boda, qué debía hacer en la noche de bodas y la satisfacción que tendría con el primer hijo. Aguantó como pudo la conversación sin replicar, pero ella sabía en el fondo de su corazón que no quería cambiar una cárcel por otra y estaba segura que ninguno de esos mercaderes la comprendería jamás. A veces soñaba despierta en esos relatos caballerescos, tomando ella el papel de joven idealista que sólo se preocupaba por cumplir los designios de Ela, aunque cada vez le costaba más mantener su fe. Hacía dos años que su hermano había partido en contra de los deseos de sus padres para convertirse en soldado y desde entonces no había dado señales de vida.

Salió en busca de su refugio, su hermano había construido una pequeña cabaña encima de un árbol y allí cuando ella era más pequeña jugaban junto con sus otros hermanos. Al principio ella era la que estaba en lo alto de la cabaña y eran sus hermanos los que se iban intercambiando el papel de héroes y villanos para salvarla, pero al final les convenció y consiguió participar en aquellos roles.

Seguramente se quedó dormida allí, abrazada a su antigua muñeca algo maltrecha por el paso de los años. Le faltaba uno de los ojos y un brazo estaba algo descosido. Limpiándose las lágrimas miró si podía hacer algo para arreglarla y fué entonces cuando vió la nota, algo desgastada por el paso del tiempo: “Anya, cuando estés preparada te estaré esperando en Luz. Seguro que serás capaz de encontrarme”. Con esta nota el corazón le dió un vuelco, sabía que no se podía enfrentar a sus padres ya que nunca le darían permiso para irse pero quizá su hermano seguía con vida. Dando las gracias a Ela por haber encontrado la nota, bajó corriendo y se escabulló dentro de su casa sin que se diera cuenta nadie y preparó su bolsa para partir durante la noche. Escribió una nota apresurada y la dejó bajo su almohada: “Si me quedo aquí terminaré marchitando, necesito saber si está bien”. Pensó en añadir algo más, pero sabía que si se lo pensaba más no se iría nunca.

Así que espero a que toda su familia estuviera dormida para salir por la ventana y escapar de su hogar. 

– Juro que lo encontraré y lo traeré sano y salvo a casa – murmuró para sí misma toqueteando un poste que había cerca de su casa. 

Vagó durante unos días hasta que pudo llegar a una ciudad y consiguió un trabajo como mercader. Pero como dicen algunos, eso ya es otra historia.


ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE

GEMMA SÁNCHEZ

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De negro a rojo fuego

Alzó la espada contra las bestias que se refugiaban en la oscuridad. Estaba solo, había bajado con ella a aquella cueva llena de muerte, pero ella ya no estaba, fue su último deseo, que se pusiera a salvo y, así lo había cumplido dejándolo atrás.

Al menos, de morir, lo haría en paz…

Un corte en el viento de la sala anunciaba el esperado final. Una saeta con la punta de un extraño metal negro que la luz tragaba, se había clavado en su espalda. Rompió la parte de madera, pero todo se volvió negro y unas palabras acudieron a su mente:

«-Deja de sufrir, ven conmigo y deja de sufrir, dale a ella un mundo sin sufrimiento ni dolor»

No, no debía hacerle caso, los enemigos sólo dicen mentiras…

«-¿Acaso no deseas un mundo mejor para ella?»

Meses, quizá años, pasó dentro de aquella cueva acabando por obsesionarse con conseguirle al ente que le hablaba un buen elegido para su causa, a alguien digno.

Durante su periplo oyó el llamado de un noble del pueblo obsesionado por conquistar a una muchacha de cabellos de fuego hija de un tabernero.

Acudió a la llamada y vió la oportunidad de hacer al noble esclavo de su misión envenenada. El noble aceptó a cambio de que la chica fuera sólo suya y convenció a otros nobles de regalar a sus hijas a él y conseguir más muchachas para dar con ese elegido digno que él buscaba. Sin embargo, no todo él había sucumbido todavía a las tinieblas de la saeta que lo había corrompido y comenzó a arrepentirse y ayudar a la joven de cabellos de fuego evitando que el noble no la tocara demasiado.

En el fondo se parecía a ella…

Cuando el plan ya estaba más que en marcha, un nuevo Juez, dos Bestials, una chica y su maestro, un seguidor de Ela harto de la corrupción y un pícaro, acabaron en una taberna del pueblo costero donde él estaba.

Bajaron a la oscura cueva en busca de la raíz, de él y, les hizo frente.

Tras una lucha difícil, el grupo consiguió arrancar el pedazo de la saeta de su cuerpo, despejando su mente. Lo agradeció y, al día siguiente, se disculpó con las chicas, entre las que estaba la de cabellos de fuego sólo para luego irse y quizá casi nunca volver.

«-Podeis llamarme Bel»


ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE:

IRIS CONST

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Experimento 3312

De todos es sabido, que el banco enano existente en la capital de su imperio es extenso y basto. Se hunde en la tierra como las raíces de un árbol. Un árbol pesado y lleno de monedas y objetos valiosos.

Lo que poca gente sabe es que no todo lo que se guarda allí es inerte. Ya conté una historia hablando sobre las cámaras que allí descansan, pero este relato es especial.

Los enanos no se libran de ser mejores que los humanos en hechos cometidos. Han hecho maldades inenarrables y cometidos actos que han ofendido a dioses y profetas. Esto que malograron no fue castigado. Algunos dicen que debido a que los dioses no lo vieron, otros que por que no existe castigo suficiente en el mundo de Ériandos como para aplicarlo. De querer conservar la locura, yo pararía aquí mismo.

Es conocido que trabajar en las minas de los enanos es un trabajo peligroso. Existe el riesgo de derrumbe, de asfixia por gases o la muerte por agotamiento. Y de todos los peligros, el más extraño y a la misma vez, el más peligroso es la fiebre del enano.

No muchos la han sufrido y nadie sabe cual es el motivo y por qué. De los amplios remedios enanos, la única cura conocida para este es ‘200g de hierro. En forma de clavo, directamente en la cabeza’ o en otras palabras la muerte. Los síntomas son, oscurecimiento de la piel, caída de la barba y los ojos, visión extremadamente aguda y por último canibalismo y sed de sangre extrema. Un relato cuenta de como uno de estos hombres bajos la sufrió y acabó con toda una colonia de sus compañeros.

Mientras construían las enormes bóvedas, extremadamente seguras del banco de los enanos, a uno de los trabajadores le ocurrió. Su piel se volvió oscura como la noche, su poblada y extensa barba se cayó, convirtiéndolo en barbilampiño. Cuando dejó de ver y antes de conseguir una visión sensorial lo encontraron. Más bien lo encontró una de las peores personas jamás nacidas en la faz del mundo. Doctor Codycius M.P.

Si las almas son grises por naturaleza, la de este infecto ser es negra como la noche más oscura. El doctor le encontró y le sometió a toda clase de experimentos para ‘canalizar la enfermedad’. En total, 138 días consecutivos de pruebas, experimentos y toda clase de abominaciones. Cualquiera echaría hasta los higadillos de escuchar lo que hicieron con él, por despojarle le despojaron hasta de humanidad, borrando su nombre y nombrándolo 3312. El número de horas que soportó aquella tortura.

La última prueba a la que fue sometido 3312 y lo que le valió el ingreso en una cámara del banco fue la siguiente. A través de un cristal de alta resonancia cargado con enorme energía y sumergido en un compuesto, hizo que pasara oscuridad hacia él. Su cuerpo no pudo soportarlo pero la fiebre del minero sí. Veía como su cuerpo se transformaba en un ser de gelatinoso, espantosamente inhumano. No tenía vida, ni pulso, ni respiraba o hacía ruido alguno. Solo absorbía lo que se encontraba a su paso. Y lo que absorbía, desparecía. Como si nunca hubiese existido.

El doctor Codycius se asustó. Él que había sido un monstruo en vida sintió como el miedo que tantas veces había generado, se le volvía contra él. De como consiguió guardar a 3312 en una urna, no hay mayores registros que una simple nota, ‘lo hice’.

Ingresó aquella urna cerrada en alguno de los últimos pisos. Pagó con monedas de oro relucientes y fue muy explicito con sus indicaciones. ‘Se debe de revisar cada 6 días, solo abrir, comprobar y salir. Jamás le deis la espalda a la urna. Nunca id solos’

Los enanos que contaron las monedas cuentan que podrían haber llenado varias cámaras de su propio banco con todo el oro que aquel ser infame depositó. ‘Rentó esa bóveda para 23 generaciones, solo dos personas le ganan en un arrendamiento más grande’ Dijo uno de esos mismos enanos.

Y allí descansa, el experimento 3312. En el silencio dentro de la tierra, en una cámara acorazada, completamente inexpugnable. Perdón. Allí, descansaba. Ochocientos noventa y cuatro días más tarde, un operario abrió la puerta. Todo seguía igual, salvo que la urna estaba vacía. Saltaron todas las alarmas en el banco. No pudieron encontrar al doctor. Tampoco al experimento 3312.

Nadie sabe nada. Desde aquí, yo solo puedo deciros una cosa. Tened mucho cuidado donde camináis. Puede que un día piséis una sombra, y esta os trague. Y en la sombra, solo hay oscuridad. 


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Eider

Eider Nikher Nació en Puerto Arán una noche oscura el día 30 de junio, hace ya 17 años. Sus padres esperaban a un varón de ojos azules y piel mulata, pero en cambio se encontraron con una niña de cabellos negros y piel negra, más negra incluso que la de la noche a la que llamaron Eider.

Su madre tenía la piel bronceada como muestra de su pasado, y su padre tenia la piel rojiza, quemada por el sol. Fue una relación poco convenida ya que Zacar, su padre, era un comerciante de esclavos. Sucedió algo inimaginable, se enamoró de una mujer llamada Lira, la cual tenía unos rasgos muy exóticos: cabello negro y rizado, muy rizado, unos ojos azules tan profundos como el mar, un cuerpo que parecía esculpido por mismísimos dioses…

Poco después de conocer a la que sería la mujer de su vida dejó de comerciar con la vida de aquellas personas y dió un nuevo rumbo a su vida como capitán de un navío.

Eider creció a la vera de su madre en un pequeño puesto de artesanía local. Su madre era una persona jovial y cariñosa, pero siempre hay personas que las miraban con superioridad y de reojo por no ser la la típica familia. Eider aún era joven por lo que no pasaba mucho tiempo en el puesto sino que se iba a jugar con otros niños y pasaba por alto aquello. Pero eso cambió al crecer.

Ella estaba menos apegada a su padre, notaba que él deseaba con todas sus fuerzas que hubiera sido un varón y la trataba como tal. Siempre pensó que gracias a ello pudo aprender a como manejarse con un puñal, blandir una espada de mano y además a fabricar armas como los arcos, piezas que venían de la familia de mi madre. A pesar de todos los intentos de Zacar, Eider siempre fue muy femenina en todo lo que desempeñaba

Los miedos de cualquier niño parecen una tontería pero para Eider el desconocimiento de aquello que iba más allá de Puerto Aran era uno de sus mayores temores, aunque estar rodeada de mar le daba paz y tranquilidad.

Eider siguió creciendo hasta los 13 años, en los que mantuvo su estatura en 1.70m. Ser tan alta para su edad le creó un complejo que no le facilitaba hacer nuevos amigos. A pesar de ello seguía conservando a un amigo de la infancia, Thom, y otros no tan amigos, como era el caso de Edreas. Los tres juntos fueron grandes amigos en el pasado, pero solo Thom resulto ser el único que estaría allí para lo que fuera necesario, en cambio, Edreas solo entorpecía todo aquello que Eider quería hacer.

En el 17 cumpleaños de Eider, Thom le regalo una pieza de arcilla de un rinoceronte decorada con muchos colores, le recordaba al cordero que siempre se tomaba en días festivos, y al vino que su padre no paraba de derramar cuando estaba muy contento.

Ese mismo día, pasearon por el puerto recogiendo las conchas más bonitas.

-Oye, Eider… ¿Qué es lo que más te gustaría hacer hoy?

-La verdad, Thom, pasear por el puerto me encanta, ver las olas, los barcos atracados, la cantidad de personas que pasan por aquí a diario… Ya lo sabes. Por mi, pasaría aquí todo el día.

-Aun sigo preguntándome que atractivo le ves a este lugar.

– La verdad es que no es el atractivo, es en lo que me hace pensar. Me gusta venir aquí y recordar cosas, como, por ejemplo, el momento en el que nos separamos de Edreas. Ese fue un buen momento.

– ¿Por qué no dejas de pensar en él?

– Ya lo sabes. Fue un gustazo poder separarme de él, ¡no era siquiera un amigo! Era una rata que se aprovechaba de nosotros para sacar lo que le convenía… Además, que eso fue lo mejor que podría haber hecho jamás

-Per…

-Pero nada, Thom. Sabes que también me rompió el corazón y eso no tiene perdón, al igual que toda la gente de aquí, todos hablan en cuanto me ven.

-Eider, sacas un poco las cosas de contexto. No siempre hablarán de ti, y menos de tus padres. ¡como si ellos no se hubieran enamorado de quien supuestamente no les convenía!

-Pero esto es diferente, no se enamoraron de una esclava, y mucho menos les sale una hija bastante más negra que mezclando sus dos tonos de piel, según muchos soy un polvo de una noche con otra persona que no fue Zacar. Además, ahora hablan todavía más desde que no ha vuelto de su última expedición.

-Exageras, seguro que tu padre está bien y volverá pronto a casa. Y respecto a los demás, ignóralos.

-Thom, no exagero nada, es la realidad. Y mi realidad ahora no es permanecer aquí. Me voy a buscar a mi padre.

-¡No sabes nada sobre su paradero! ¿estás loca? No dejaré que te vayas.

-Si no me dejas ir estarás impidiéndome volver a ver a mi padre.


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Caballeros… de Cariusos

Cuentos de siempre dónde el protagonista vence al malo y se queda con la chica, libros dónde siempre que alguien muere para darle vida a la trama es el amigo del protagonista, historias de buenos buenos y malos malos… es hora de cambiar. Hubo una vez tras la fuga de Shelter, cinco soldados mandados por Ortrox, guiaron a todos los liberados a Cariusos, una tierra dejada de la manos de los dioses, una tierra que podrían poblar y donde vivir sin el yugo de estos.

Muchos años pasaron, y al ser criaturas creadas para trabajar, pronto empezaron a adaptarse a su nueva tierra, y sus cuerpos empezaron a crecer, y sus manos se volvieron garras. Los lobos grises de Shelter, monstruosas bestias enormes, conocidas como huargos, empezaron a reconocerse y aliarse con los esclavos liberados, y estos cogieron de los lobos sus facciones y su fuerza, y también su longevidad. Años pasaron y los cinco soldados se unieron para formar una orden que serviría para proteger a su pueblo de los dioses, los Caballeros de Cariusos.

Montados en las temibles bestias patrullaban las vastas tierras en busca de territorios y refugio. Empezaron a especializarse en el arte de las armas de guerra, y sus maestros herreros hicieron poderosas armaduras y afiladas espadas. Grandes escudos adornaban las entradas de las casas de estos seres, que vivían en una gran comunidad. Un día, los dioses decidieron castigarlos y mandaron dos enfermedades a Cariusos. Una hizo que perdiesen la consciencia, y la otra que se devorasen como animales entre ellos. Ortrox y sus cinco Caballeros de Cariusos sobrevivieron, y protegieron a los enfermos que quedaban con vida incluso de ellos mismos, hasta que lograron hallar la cura para enfermedad. Diezmados, decidieron acabar con los dioses. Volverían a su tierra y echarían de allí a los opresores que se hacían llamar dioses. Se armaron y reagruparon, y para compensar sus bajas, crearon algo nuevo. Hijos de ninfas de los bosques y suyos, medio hombre medio lobos, que se transformaban a voluntad en bestias, tan longevos como sus padres, pero no capaces de actuar de manera racional cuando sacaban a las bestias. Desde aquel día, los esclavos se autodenominaron Licos, lobos, y sus hijos fueron llamados hombres lobo. Montados en los Lobos Grises y acompañados de sus hijos, los licos partieron a la batalla, e iniciaron las Guerras Cálidas, por la libertad de su pueblo.


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El último molinero

Semilla para 3 jugadores. Un paladín, una charlatana y una pícara.

Es un feo día de octubre, hace frío y llueve. Vives en un pequeño pueblo del interior de Imperio de Luz. Eres el hijo de una pareja de molineros, has vivido siempre en el mismo pueblo. Tus padres te decían que no había nada ahí fuera y tú nunca has querido buscarlo. Pero un día algo cambia, hoy es ese día. Es un feo día de octubre, hace frío y llueve.

Te despiertas mientras el agua te cae en la cara. No te acuerdas de nada, salvo de una luz muy poderosa que te golpeó en el pecho. Luego, los gritos de tu familia y, por último, la lluvia sobre tu cara. Ya no queda nada de tu antiguo hogar, ni de los restos de tu familia. Ahora todo lo que hay ahí es ceniza, polvo, barro y… ¿Una persona?

Ves a una persona apoyada en un árbol. Va vestida con ropajes sencillos y oscuros. Ella, te mira y enseguida notas algo, tranquilidad. El dolor descansa un momento, sabes que esa persona sea quien sea puede ayudarte en tu misión. Te levantas y te encomiendas a ti, a los dioses o a los elementales. O la tierra que pisas. Da igual, sabes que tienes una misión y vas a cumplirla, en nombre de quien, te da igual.

La mujer apoyada en un árbol se te acerca, te dice que su campamento está cerca y que quiere ayudarte. Que ella ha visto lo ocurrido y que el dolor, si es compartido, es más liviano.

No tardáis en llegar cuando veis a otra chica, esta está en un campamento, parece que estaba cogiendo los suministros y se los estaba intentando llevar. No es la mejor ladrona, pero os cuenta una historia plagada de mentiras y vosotros acabáis creyéndola. Ahora ya no estás solo paladín.

Es el momento de elegir, ¿Quieres saber que ha pasado con tu familia? ¿Por qué tú has sobrevivido? ¿Quién es ese misterioso hombre que te ha lanzado ese rallo? ¿Quiénes son esas dos personas con las que te has encontrado? Podrías tener todas estas respuestas si sigues jugando, si no, todo se convertirá en ceniza, polvo y barro.

INFORMACIÓN PARA LOS JUGADORES

Si eres un jugador o el DM, te recomiendo que leas esto. Aquí te doy unos consejos sobre lo que deberías de equiparte en la ficha y lo que no. Por supuesto eres completamente libre de hacerlo o de seguir un camino alternativo.

Las acabadas en asterisco son ‘obligatorias’ si quieres realizar la historia como la pensó en su momento la persona que escribió esto, aunque recuerda que puedes hacer lo que quieras.

Paladín:

  • Escoger la clase Paladín. *
  • Tus padres han de ser ambos molineros *
  • No tienes hermanos ni hermanas *
  • Eres de familia pobre *
  • No puedes ser ni un niño ni un anciano*
  • No tienes entrenamiento previo en nada*
  • Desventaja: Arma exclusiva al máximo de desventaja*
  • Arma: Una porra de madera*

Charlatana:

  • Escoger la clase Charlatana*
  • Tu dinero inicial debe de ser 0*
  • Debes de tener al máximo tu habilidad de confianza*
  • Ventaja: Tienes la habilidad de suerte al máximo*
  • No podrás usar armas en ningún momento de la partida, incluido tus puños*
  • Desventaja única ‘Ladrona de queso’: Si escuchas a una persona decir queso, debes de robarle. De no hacerlo o fallar en el intento, sumaras un punto de ira.

Pícara:

  • Escoger la clase Pícara. *
  • Puedes tener el dinero que ha descartado la charlatana.
  • Debes de tener al máximo tu habilidad de Destreza.
  • Debes de tener al menos un punto en anima*
  • Desventaja única ‘Fallo al robo’: Si ves a una persona robando, debes de robarle lo que haya robado. Si dicha persona no lo consigue, deberás de robarlo. De no conseguir cualquiera de las dos acciones anteriores, recibirás un punto de ira. *

INFORMACIÓN PARA EL MÁSTER

Jugador, tu turno aquí se ha acabado. Ya no tienes que seguir leyendo esto. Si sigues leyendo intuyo que eres la persona que va a dirigir la partida, felicidades pues Máster. Aquí van algunos consejos y puntos de la trama para que te sirvan de inspiración.

  • Las personalidades de los 3 miembros del equipo son muy dispares, es efectivamente para forzarlos a que lleguen a situaciones absurdas. Te recomiendo que los lleves a una taberna, donde les encante el queso a todos. O una quesería y veas como la charlatana y la pícara se vuelven locas. El paladín por su parte debería de permanecer recto y no robar.
  • El paladín solo puede usar un garrote como arma. Eso le dificultará muchísimo contra enemigos con armaduras cortantes, como espadas o cuchillos. ¿Cortará una espada el garrote o se quedará clavada en este? Tú decides.
  • La charlatana no puede usar armas. ¿Por qué no pruebas a dejarle confianza? Anímala para que cuente chistes o hable con mucha gente, será cuestión de minutos que empiece una pelea. Mientras, diviértete y mira como se desata el caos.
  • ¿Quién ha matado a los padres del Paladín? Quien haya sido ha tenido un buen motivo. ¿Tal vez un cliente poco satisfecho? ¿Un poderoso mago? ¿Una organización secreta que buscaba algo escondido bajo el molino? Está en tu mano esa respuesta, pero no la digas directamente, deja que tus jugadores lo piensen un poco.
  • ¿Qué relación tienen la pícara y quien haya hecho eso? ¿No es extraño? ¿Y si fuese una infiltrada? Podría ser interesante ver como el paladín traza un plan de venganza y la pícara lo intenta desbaratar.
  • ¿La charlatana se ha convertido en una ladrona compulsiva? Lleva a tus personajes a la cárcel y diles que en varios días van a morir. Luego, diles que alguien les puede ayudar, un guardia corrupto, otro reo, o tal vez el verdugo que finge que los mata. Todo esto con el propósito de que la charlatana no quiera robar todos los bolsillos que vea para no acabar en el cadalso.

Y para acabar, ahí van los dos últimos consejos:

  • ¿No te gusta algo? ¿Quieres que los padres del paladín vivan, o que la pícara no robe? Hazlo. Esta semilla solo quiere ayudarte y aportarte una pequeña pista. Tú como máster tienes la última palabra, decide que quieres hacer.
  • El último consejo es que disfrutéis.

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El guardián de la torre norte

Pocas veces un soldado humano logra alcanzar la velocidad y agilidad de un Guerrero del Viento, debido obviamente a que los huesos de los hombres son más pesados y no tienen alas que les ayuden en las maniobras, pero, aun así, hay algunos guerreros que llegan a conseguirlo, sobretodo, aquellos más jóvenes y concienciados, y nada más alcanzar eran reclutados por los diferentes Guerreros del Viento.

Y aquí nos hayamos, en las puertas de la real Academia del saber del Valle de Uxuss, dónde alumno y maestro vuelven a encontrarse para hablar de un prometedor alumno llamado Jack. Allí, frente las puertas de la ya laureada institución, Kemnai habla con JJ, y al guerrero le gusta lo que oye.

Un mes después, Jack, ya estaba a las órdenes del guerrero, y este, le otorgó la misión más importante de todas, custodiar la torre norte del castillo de Shar-Vane, la residencia de la familia real.

Allí, día tras día desde que comenzó con sus guardias, veía fugazmente y a la vez cada día, a la princesa. Cada vez que ella lo miraba, se le erizaba el bello de la espalda. Una vez, ella le pidió una rosa, y él la sacó de debajo de su coraza y dijo que siempre llevaba una junto al pecho, para que le guardara el alma. Y era cierto, porque Alma era el nombre de la chica. Desde entonces, hablaban día a día, la chica iba hasta el pié de la escalera dónde él montaba guardia y conversaban largos momentos.

Él, nunca le confesó su amor, y el rey, la comprometió con el rey de los leos, poderosos magos y aliados, y entonces ella dejó de bajar a hablar con él, sellando así un destino amargo. Aunque nunca se debe perder la esperanza, pues todo sello puede quebrarse.


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La vida salvaje

Makena nació en una familia humilde la cual se ganaba la vida cazando y sobreviviendo como podían en la Selva Esmeralda, tan solo siendo una niña de 5 años, la aldea fue atacada y masacrada pero ella sobrevivió al ser escondida por su madre, la cual murió al intentar huir de los asaltantes.

Cuando todo el infierno cesó, la niña salió de su escondite para ver a su pueblo reducido a cenizas y un campo de muertos. Tuvo que salir a la selva a buscar ayuda pero no consiguió avanzar mucho hasta que una mandada de hienas salvajes encontró a la niña, ya que no paraba de llorar por el hambre, y la hembra líder de aquellos animales la acogió como uno más de sus cachorros, la cual alimentó, cuidó y enseñó a sobrevivir en aquel ambiente tan peligroso.

Los años fueron pasando y aquella niña ya era toda una adolescente que había aprendido y se había convertido en una superviviente nata junto a su manada, pero la relativa tranquilidad que había encontrado en esa vida salvaje se vería truncada por un acontecimiento que haría que todo su mundo diera un vuelco de 180º

Cerca de la zona donde la manada tenía la cueva había un explorador que pasaba por allí con su séquito de aventureros, y encontraron a la chica a salvajada y sucia, la cual al verla por primera vez intentaron matarla pensando que era un animal peligroso, hasta que se dieron cuenta de que solo era una niña, con mucho esfuerzo consiguieron capturarla contra su voluntad y llevarla a la civilización, aquel explorador decidió adoptarla como su hija. Pasó el tiempo y ella poco a poco, y con mucho esfuerzo, empezó a hablar, aprendió a escribir y a comportarse como una persona civilizada, pero aun así cada vez que conocía a una persona nueva le costaba mucho fiarse de ella, y aún más entablar una conversación. Eso hizo que casi desde el primer día que llego a la casa se relacionara más con los animales que con las personas y esa conducta no pasó desapercibida por el aventurero, el cual cuando consiguió con los años que Makena le tuviera más confianza le enseñara alguna de las costumbres de los animales y como se suelen comportar.

Pasaron los años y aquella chica harapienta y a salvajada se convirtió en una señorita muy tímida la cual seguía preferido la compañía animal a la humana, pero aun así consiguió ser una más de la sociedad y adaptarse al ella, de vez en cuando salía con su nuevo padre de exploración y él le enseño alguno de sus secretos de supervivencia, en ese entonces fue cuando supo que quería dar la vuelta al mundo recogiendo información de todos los animales del mundo para así hacer ver al mundo que los animales salvajes no son tan salvajes como la gente cree.


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El telar

Llevaba mucho tiempo usando ese telar, había estado en esa casa desde que tenía memoria y, según le contó su madre, fue uno de los regalos de boda que tuvo cuando se casó. Era un telar antiguo, cuya madera tenía unas extraños tallos que parecía que lo iban envolviendo como enredaderas y que terminaban en unas flores que, de tan reales que eran, hasta transmitían cierta fragancia dulzona. Una vez, usándolo, le pareció que una voz sensual le hablaba, diciéndole que se dejara llevar, que le podría ofrecer todo aquello que deseaba. Lo dejó abandonado en algún punto del sótano, cubierto con una sábana blanca, aunque siempre que bajaba esta parecía que se moviera con una brisa invisible. Un día, llegó la guerra y el señor requirió que todos los hombres que pudieran luchar se unieran al ejército, bajo pena de muerte. No les quedó otra y con lágrimas en los ojos los vio partir, una fría mañana de invierno.

Empezó a tener sueños donde morían de la forma más horrible, y en ellos siempre escuchaba esa voz seductora que había escuchado años atrás en el telar. — Yo podría salvarlos, solo tienes que desearlo y crearlo entre las dos, este destino aún no está fijado.

Siempre como respuesta murmuraba una leve oración a Ela, sabía que el destino no podía cambiarse y que tenía que conformarse con el plan que tenía Ela para sus seres queridos. Fueron pasando los días, y cada vez los sueños eran más horribles, lo que al principio era una muerte rápida en batalla se convirtió en horas primero y después días de sufrimiento y agonías extremos. — Eso seguro que no es lo que Ela querría, tengo que cambiar ese destino – pensó una de esas noches de insomnio. Rápidamente bajó al telar y casi le pareció que, al tocarle, algo la abrazaba. Empezó a tejer de forma salvaje, y las imágenes casi salían solas. En ellas solo salía su marido y su hijo que alzaban una bandera en un campo lleno de cuerpos. Parecía una bonita escena, pero al mirarlo con más detenimiento, había un brillo cruel en sus ojos que antes no existía y entre los cuerpos se veía que los enemigos se habían encarnizado demasiado, la sangre cubría de color las flores antaño blancas y le daban a la escena un cierto toque macabro. Pero ella solo veía que sus seres queridos volverían a casa, junto a ella, y eso era lo único que le importaba. Siguió contemplando el telar horas, para ella no parecía pasar el tiempo. Solo veía la belleza de esas flores ahora manchadas con un tono carmesí que cubrían la tierra cuál tapiz, y esos dos hombres con una sonrisa triunfal ….Primero escuchó unas notas de una trompeta, indicando que alguien conocido llegaba al pueblo, pero esas notas se apagaron súbitamente y al cabo de unos minutos, únicamente retumbaban en sus oídos gritos de auxilio. Con ese sonido y una extraña melodía que parecía completar los silencios, sus ojos empezaron a tomar un brillo salvaje — Ahora vengo mi amor a bailar contigo – susurró, y fue a la cocina a coger todo lo necesario para poder cumplir la voluntad de esa susurrante voz.

Un mercader pasó por ese pueblo al cabo de unos días y tuvo que respirar hondo para poder soportar toda la crudeza de la escena

– No han tenido piedad, quién sea que haya realizado esta masacre estará condenado al fuego eterno – musitó y empezó a musitar una leve plegaria a Ela, estaría en todas partes pero, ¿dónde estaba cuando se cometía semejante carnicería? Por un instante pensó en enterrar a todos los muertos, pero eso hubiese sido una empresa titánica para una sola persona, y más siendo él un simple comerciante. 

– El fuego seguro que purifica el pueblo y llevará a estas pobres almas al regazo de Ela – empezó a prepararlo todo para incendiarlo, tirando la brea necesaria en los edificios y usando algún poco de leña del bosque cercano. Cuando lo tenía todo preparado, prendió fuego a la mecha y estaba a punto de lanzarla cuando de repente algo le hizo parar la mano. — ¿Qué hace ese hermoso telar en medio de esta carnicería? – se preguntó casi extrañado de ver alguna belleza en medio de ese campo de batalla. — Sería una lástima que se quemara junto a estos cuerpos.

Al cabo de unas horas, ese mercader empezó a silbar una melodía de camino a su hogar, era algo pegadiza y tenía cierto toque sinuoso, que invitaba a una caricia y que prometía cumplir esos oscuros deseos que poblaban su alma, y en esas cavilaciones no pudo escuchar esa risa cantarina que provenía del fondo de su carro….

Este objeto está poseído por una entidad que sólo busca crear el sufrimiento y el caos allí donde pasa. Va recorriendo Ériandos, pasando de mano en mano y dejando sólo escenas de destrucción allí donde pasa.


ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE:

GEMMA SÁNCHEZ

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