Los Lobos de Dutch

En las tierras nevadas de Dutch, aunque no tanto como las del Imperio Beliondés, comenzó a correr el rumor sobre una manada de lobos furiosa y letal que daba caza a los viajeros y aventureros que se acercaban demasiado a los bosques.

Los acechaban durante noches y los atacaban cuando estos bajaban la guardia. Nadie estaba a salvo, ni siquiera la hija de uno de los reyes de Dutch. La joven semi elfa salió de casa con la ilusión de conocer a su madre y ayudar con unos dracos, sin embargo, la curiosidad de ver porqué los lobos aullaban aquella noche, la llevó a ir sola hasta la línea del bosque donde fue asaltada por la manada. No hubo gritos y su cuerpo fue hallado al amanecer casi devorado.

Los pocos que consiguieron huir de ellos solo para llegar a un pueblo cercano y dar su último aliento sucumbiendo a las heridas, dijeron: «Era enorme… sus ojos negros como la oscuridad más profunda… Los guiaba… Los dirigía…»

Estos pocos testimonios han dado mucho que pensar, extendiendo aún más los rumores y creando teorías cada vez más fantasiosas. Las primeras que la gente pensó fue que se tratara de un huargo perdido al que una manada adoptó y se hizo con el control; los siguientes comenzaron a decir que quizá la manada estaba poseída y, los más fantasiosos, que quizá la dirigía un licántropo o peor, un lico abandonado por los suyos.

Todavía nadie se ha acercado lo suficiente como para averiguarlo…


ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE:

IRIS CONSTANTINO

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Perro de pelea

El torneo de béstials de Velcarin era conocido en todo el continente. Los béstials más temibles se enfrentaban desarmados en la arena mientras el público hacia sus apuestas.

Siempre moría alguno, pero era un riesgo que sus amos asumían sin dudar cuando aspiraban al cuantioso premio y al reconocimiento de poder alzarse con la victoria.

Ese años una canis de pelaje azabache y grandes músculos fue ganando combate a combate hasta llegar a la final, en la que se enfrentaba a un felis color pardo que era famoso por sus letales garras.

En mitad del combate el felis intentó rajarle la garganta como había hecho con otros contrincantes, pero ella absorbió el ataque con su propia cara y consiguió dejarlo KO de un temible puñetazo directo.

El público gritaba emocionado a la nueva campeona. Aún con la cara cubierta de sangre y la carne abierta le pusieron la medalla mientras su amo recogía las ovaciones y el dinero.

Tardaron horas en atender su aparatosa herida, pero a ella no pareció importarle. En contraste con su gran musculatura y su fiereza en el combate saltaba a la vista que era una bestial sumisa y que procesaba una devoción hacia su amo que rozaba el enamoramiento.

La luchadora aceptaba con una visible felicidad los cuidados que le dieron en la posada, donde otros bestials la felicitaban por los combates mientras cosían su herida y ella hablaba maravillas de su amo, sin ser conscientes de que no muy lejos de allí él se reunía con otros dueños para acordar los precios de los cachorros.

Ella apenas tenía 9 años cuando dos días más tarde su amo la ordenó desnudarse delante de otro bestial y de su dueño.

Por primera vez tuvieron que repetirle la orden antes de obedecer y dejarse montar. Aquello no era tan doloroso como las peleas, pero se sentía humillada por cómo les miraban los humanos. Aun así una orden era una orden y si aquello era lo que su amo quería ella no era quién para oponerse…

Hubo varios intentos más hasta que quedó preñada y entonces su amo mejoró sus cuidados como nunca. Le dio una cama para que no durmiera en el suelo, una manta para abrigarse en invierno, comida como la que comía él en lugar de sobras y no hubo más peleas… Ella no podía estar más feliz y cuando una noche él mismo la montó, pensó que eso significaba que él la quería.

Tras pasar el embarazo de ensueño tuvo dos cachorros, un macho azabache y una hembra con vetas plateadas. Durante dos meses los amamantó y cuidó con devoción, pensando que al fin había alcanzado la felicidad plena… Hasta la mañana en la que se encontró la cuna vacía.

Hicieron falta cadenas y cubos de agua helada para conseguir que la bestial regresase a su sumisión de siempre y a pesar de que de nuevo obedecía todas y cada una las órdenes ya jamás recuperó su sonrisa de antes.

Asumió que ni su amo ni nadie la querrían nunca. No era más que una perra de pelea… Y así sería siempre. Sus hijos jamás conocerían a su madre de la misma forma que ella no recordaba a los suyos. Aquello era lo que significaba ser una béstial y una esclava. Tenías una familia, pero formabas parte de ella sólo como una posesión de la que podían abusar o deshacerse.

Regresó al día a día de los entrenamientos y las peleas. Antes siempre había creído firmemente en la bondad de su señor. Si ordenaba que le partiera las piernas a alguien seguro que se trataba de un delincuente peligroso, si le pedía que diera caza a quien fuera seguro que estaba ayudando a las autoridades… pero ahora empezaba a darse cuenta de la realidad. Su amo no era más que un matón que la utilizaba para herir o incluso matar a los que muy probablemente serían inocentes y por eso nadie en la ciudad quería estar cerca de ella.

Una mañana irrumpió en la casa un juez acompañado de guardias que apresaron a su amo. Ella intentó defenderle, pero nada podía hacer contra la magia del juez.

Pasó varios días en los calabozos hasta que decidieron que no era una amenaza. De pronto estaba sola y en la calle, sin amo ni hogar, sin nadie que se atreviera a acogerla por temor a que su amo escapase de prisión y la reclamase.

Empezó a recorrer los caminos sin rumbo, alimentándose de la basura o las sobras pues apenas conseguía cazar. No sabía valerse por sí misma y sabía que si no encontraba a un nuevo amo, o al menos a alguien para quién poder trabajar, acabaría muerta de hambre.

Y fue precisamente el hambre lo que hizo que siguiera el aroma de la comida recién hecha hasta aquella posada y acabase metida en una pelea muy diferente a las que estaba acostumbrada.


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El puñal de Lujuria

La joven prostituta salió del despacho de Madame Lenox dando un portazo y esta soltó un golpe en la mesa, presa de la rabia y la frustración.

Era la tercera chica que abandonaba el burdel en una semana. Preferían trabajar en la calle, bajo el frío y la nieve antes que hacerlo a cubierto pero sin apenas clientes y teniendo que pagar la comisión que se llevaba el burdel.

Pero no siempre había sido así. Hacía apenas dos años el Delantal Rojo había sido el prostíbulo más famoso de todo el continente gracias a las artes del «Pétalo dorado». Ella era una talentosa hechicera, formada en la torre de magia y primera de su promoción, que había decidido orientar su poder a la búsqueda del placer.

Con sus hechizos y pociones conseguía sobrepasar todos los límites conocidos. Encantaba las camas, alteraba los sentidos, drogaba a los clientes, tatuaba extrañas runas en las mujeres y conseguía elevar el placer de la carne hasta rozar el límite con la locura.

En el burdel trabajaban más de una docena de mujeres y hombres de todas las especies, día y noche, y la gente viajaba a la ciudad sólo para poder experimentar esos placeres casi divinos. La nobleza entregaba encantada su dinero a cambio de que la hechicera organizase todo tipo de encuentros, desde privados a grandes orgías impulsadas con su magia.

Lenox era la hermana mayor de la hechicera. Aunque también era una mujer joven y hermosa no alcanzaba a la belleza casi sobrenatural de su hermana y prefería dedicarse a gestionar del dinero, las reuniones con los clientes, a manejar las agendas,… ella era quien mantenía todo el ecosistema del burdel funcionando como una máquina en constante crecimiento.

Habían organizado un viaje hacia el sur, para llevar su fama aún más lejos, cuando sucedió el desastre. En pleno éxtasis un cliente había asfixiado a la prestigiosa hechicera hasta matarla, uno lo suficientemente poderoso como para librarse de un juicio justo con una abultada bolsa de oro.

Sin la magia la vida del burdel se fué apagando poco a poco hasta llevar a Lenox a la ruina. Su hermana nunca había compartido sus misterios por miedo a la competencia, se había hecho insustituible y una vez se acabó el oro del asesino ya apenas podían pagar las facturas. Si no hacía algo pronto tendría que cerrar.

La madame se recostó en su sillón y recordó el cuento de un bardo sobre los 7 pecados. En él que se decía que Lujuria era de los más poderosos… y cerrando los ojos la invocó en silencio.

«He dedicado toda mi vida a servirte, a difundir tu gracia sobre los hombres, a estudiarla y hacer de ella un arte. Te ruego que me ayudes a seguir haciéndolo. Nadie te ha adorado tanto como lo hizo mi hermana, si realmente existes… Por favor, ayúdame»

Las ventanas que había tras ella se abrieron de golpe y una fuerte corriente de aire cargado de nieve entro en el despacho, apagando las velas.

Lenox se levantó y cerró la ventana algo asustada cuando de pronto una voz aterciopelada le hablo desde su espalda.

– Mi querida Lenox… Yo también lloro la muerte de tu hermana.

Al girarse vio allí a un hombre joven, su cabello rubio le caía sobre los hombros desnudos y sus ojos verdes brillaban con el reflejo de la luz de la luna. Vestía sólo unos pantalones de cuero negros, sin camisa y con los pies descalzos. Sonreía a la mujer con una mirada cargada de cariño y comprensión.

– Este ha sido mi templo durante mucho tiempo… y deseo que sigas llevando mi don a los fríos corazones del Norte. Pero… Necesitaré algo a cambio.

La mujer se había quedado como hipnotizada mientras la figura se acercaba hasta ella y levantaba su mano para acariciar su mejilla.

– En la noche del cometa una de tus mujeres yacerá con siete hombres y engendrará a una niña. Necesito que la cuides y la instruyas en el camino del placer y que cuando se convierta en mujer… Le entregues este puñal.

El hombre se había acercado a ella hasta casi pegar su cuerpo con el suyo y bajado su voz a un provocador susurro. Al levantar su mano sostenía una daga con la hoja del color de la sangre y una empuñadura plateada. Lenox la cogió y asintió, aún sin poder creerse lo que estaba sucediendo.

– Así lo haré… Mi señor.

Sin poder resistir más, se lanzó a besar al que para ella era el ser más perfecto que podía imaginar y él la hizo suya sobre la mesa del despacho, dándole un placer tan extremo que al despertar a la mañana siguiente no recordaba bien en qué momento había perdido la consciencia.

Pero la daga carmesí seguía ahí.

Cuando se acercó la noche indicada Lenox cambió los anticonceptivos de las chicas. En la noche del cometa se organizaba una gran cacería nocturna. Los cazadores exponían en la plaza sus trofeos y disfrutaban de la carne en un gran banquete que duraba toda la noche.

El alcohol y el buen ánimo llenaron el burdel y la que sería la madre de Alea yació con siete hombres diferentes a lo largo de la noche.

A la mañana siguiente sólo quedaba un borracho en la barra del salón y Lenox le reprendía por todo el dinero que le debía.

El hombre explicó que lo había perdido todo en un incendio en la calle principal hacía apenas dos noches y que ya no le quedaba nada. Presa del alcohol ofreció a la madame las escrituras de su local a cambio de un mes de los servicios de sus chicas y el saldo de sus deudas.

Lenox aceptó el trato y cuando fue a conocer su nueva propiedad descubrió que el lugar no sólo estaba en la calle principal, si no que justo por ese punto de la ciudad pasaban los estudiantes de la universidad, los magos de la torre y todos los que se dirigieran a la parte subterránea, además de estar visible desde la taberna principal.

Vendió el antiguo local y nada más inaugurar el nuevo el negocio no hizo más que crecer y crecer mientras ayudaba a criar a la niña en el propio burdel. Alea, apellidada como Burdelis por la ausencia de padre, crecía como una chica totalmente normal, atraída por los animales y la música. El mismo día en el que le llegó el primer periodo Lenox le entregó la daga, diciendo que era un obsequio.

La quería como a una hija. La muchacha de cabello y ojos claros parecía llevar la seducción en la sangre y en parte le recordaba a su hermana, con una sensualidad innata que no dejaba a nadie indiferente y atraía todas las miradas. Con apenas 14 años habían ofrecido grandes sumas por su virginidad y era consciente del peligro que suponía llamar tanto la atención, la protegía todo lo que podía. Únicamente la permitía salir acompañada por conocidos y nunca demasiado lejos de la ciudad.

Durante los años siguientes a entregarle la daga tuvo miedo de no saber cuáles eran los planes de Lujuria para ella, pero no parecía ocurrir nada fuera de lo normal… Hasta que un día, cuando Alea tenía ya 16 años, un caballero cayó al interior del burdel, sin pulso y con una flecha clavada en su espalda.

Y entonces todo cambió.


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Tikal

En tierras nevadas
del Imperio Beliondés,
había una bestial
de grisácea piel.

Al abrigo de la noche,
en un casi amanecer,
una sombra la perseguía
y la hizo caer.

Sus ojos esmeralda
la Oscuridad cerró
y una extraña profecía
dio comienzo a la función.

Un campamento de Luz
y una bella Oscuridad,
estaban en guerra,
una guerra sin igual.

Desconfiada
la enfrentó,
pero está le ofreció
un mundo de libertad sin dolor.

Siguiendo al gran Haier
y al charlatán Delmar,
acabaron en una cueva
de estatuas siniestras.

Tras mucho divagar,
decidieron romperlas
y seguir
a las Tinieblas más bellas.

Empapada en sudor,
en su cama despertó,
la duda le oprimió el corazón,
una carta de Tinieblas llegó.

Partió sin demora,
dejando atrás a su opresor,
en su corazón el anhelo
de volver a verlos.

Tras meses los encontró
y una bestia feroz
con veneno lo intentó,
pero su muerte halló.

Los tres continuaron
y tras compañeros poco fiables
una bruja infame, unos elfos y un dragón,
acabaron en un campo por una nueva visión.

En un tanque durmiente,
Esmeralda se hallaba,
la bella Oscuridad
que por ellos llamaba.

La llevaron a un templo
abandonado hace tiempo,
a punto estuvo Tikal
de perder el aliento.

Al ver el fracaso
decidió abandonarles,
jurando a Tinieblas
volver fuerte y ayudarle.

Un sacrificio,
un nuevo cuerpo,
una promesa,
un oficio.

Bestial liberta,
de monstruos cazadora,
hacia Eidel partía,
una nueva sorpresa aparecía.

Sus amigos la daban muerta,
la habían visto arder
por hereje en la hoguera,
por seguidora de Tinieblas.

Tras el encuentro,
Eidel esperaba,
y allí la chica
que su ayuda necesitaba.

Una gran explosión,
el suelo se abrió
y a todos devoró,
abajo la sala y la puerta.

Abajo la mesa negra,
la joya esmeralda,
esperaba un sacrificio,
la chica debía estar muerta.

Tikal a Haier pasó la daga,
este la ejecutó
y Tinieblas volvió
su agradecimiento dió.

Los tres son Tinieblas,
pues en Tinieblas viven,
ellos son Tinieblas
y a Tinieblas sirven.

ESTA CANCIÓN NOS LLEGA DE LA MANO DE:

CONSTANTINO IRIS

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Cuentos de Brujas

No toda la magia es mala, es más, ninguna magia es mala. Lo malo son los usos que las personas pueden llegar a dar a la magia. Por suerte, yo no soy mago, si no podríais ir preparándoos, pero sí hay gente que puede controlarla, y hay que guardarse de ellos.

En tiempos antiguos, cuando todos los elementales aun vivían en Ériandos y todos los hombres eran guerreros, vivían en la ciudad élfica de Luzestrella, que después se conocería como la Capital Imperial de Luz, un padre con sus dos hijas, Queta, la mayor y Marga, la más joven. No tenían mucho, pero es que nadie tenía mucho en aquella época. Vivían felices con lo que conseguían, pero un día, los elfos se marcharon a los bosques, y las enfermedades llegaron a la ciudad, el sueño negro y con ellas, la muerte.

Su padre cayó enfermo, y fue cuando la hija mayor decidió sacar partido a sus secretas habilidades e intentar curarle. pero para cuando aprendió lo suficiente, ya fue demasiado tarde, y su padre murió en sus brazos. Aún así, la magia que había llegado a dominar era impresionante, y pensó, que podría traerle de vuelta.

Buscó y buscó hasta que encontró un libro negro en una biblioteca olvidada, y de allí un hechizo aprendió, que devolvía la vida a los muertos.

Cada día, su hermana le pedía que se detuviera, que su padre merecía descansar en paz, pero ella no le hacía caso, pensaba que nunca podrían sobrevivir en aquel mundo solas, así que siguió y siguió, hasta que un día consiguió abrir el portal que conectaba ambos mundos. Su hermana, aterrada al ver lo que acechaba al otro lado del portal, trató de detenerla, y en el forcejeo, Queta se golpeó contra la pared y quedó inconsciente, su hermana, sin saber que hacer la soltó. Al caer, la bruja se destrozó la parte derecha del cráneo contra la mesa de la sala, que habían tirado mientras peleaban y murió, pero el portal seguía abierto y parte de su alma logró volver a su cuerpo, pero solo parte, la parte más fuerte, la parte mágica, la parte que se aferraba desesperadamente a la vida. El espíritu alzó el cuerpo y se quedó en él, arrancando los pedazos rotos, y para mantener aquel cuerpo ya muerto, halló la solución y la venganza.

Devoró a su pobre hermana que ni siquiera alcanzó a moverse ante aquel horror, viendo, como su hermana, a la que había matado, se acercaba a ella arrancándose los pedazos rotos del cráneo. Como la agarraba con fuerza y hundía sus fauces desencajadas en su carne, sintiendo como le arrancaba la carne y la vida sin poder ni siquiera dejar ir un grito de terror. Adquirió así la bruja el gusto por las jóvenes y absorbió el alma de su hermana, fortaleciéndose, usando su carne y su energía para dar nueva vida a su cuerpo nueva vida a su cuerpo.

El tiempo pasó y con una máscara de porcelana y oscuridad cubrió su falta, y comenzó a buscar otras brujas por todo el mundo, guiada por una fuerza que no comprendía, algo que había salido de aquel portal adherido a los restos de su alma. Con el paso de los años, las décadas y los siglos, todo el interior de su cabeza fue pudriéndose y desapareciendo. Cuando estuvo completamente vacía, y su cuerpo no era más que una envoltura para su espíritu y aquella fuerza que la movía, un accidente hizo que su máscara se rompiese y que algunos trozos quedaran en su interior, provocando macabros ruidos cuando se movía hasta que logró sacarlos tiempo después. La cara de terror en los ojos de las pobres almas puras que devoraba cuando escuchaban aquel aterrador sonido le encantaba y desde entonces se dio a conocer como la Bruja Sonajero, la bruja de la máscara blanca.

Así logró sobrevivir, devorando sin control hasta llegar a ser la bruja más aterradora y poderosa del Imperio naciente de Luz. Gracias a ella decenas de ciudades habían caído, su nombre poblaba miles de historias que aún hoy hacen estremecerse a quienes lo escuchan, y cuando un joven mago llegó al imperio con tanto odio como ella guardaba, empezó a tramar un plan para adueñarse de todo lo vivo en el mundo.

Reunió poco a poco un ejército de brujas. La mayoría se unieron a voluntad, pero las que se negaban, eran sometidas y obligadas por el joven y prometedor mago. Con esas arañas y las brujas, más ciudades cayeron. El emperador que acaba de conocer a una bellísima joven, ordenó crear a la guardia imperial contra la magia, aconsejado por ella, y tras la enorme boda que sumió al imperio en alegría, la guardia, arrasaba con la magia allí donde la encontraba, logrando que los magos juraran lealtad al Imperio, y quemando a los que se negaban y a los brujos. La bruja Sonajero y su muchacho desaparecieron y el imperio se consolidó y creció más que nunca, expandiéndose a lo largo y ancho del vasto mundo. El emperador había encontrado a una mujer que además de bella era inteligente, y amaba a su esposa Sona con todo su corazón. Los años pasaron en paz hasta que la Bruja halló a una joven en Triada, uno de los pocos territorios aun sin conquistar por el creciente y poderosísimo Imperio de Luz, una maga que sería más poderosa que incluso ella o el propio mago mago que tanto la había ayudado, y pronto se hizo con ella y la llevó al imperio para dominarla, advirtiendo al mago que nunca debería despertar todo su poder, por qué de ese modo, ni la araña podría controlarla. Y así, con la araña en el pecho, la criaron y entrenaron hasta que llegó la hora de partir de nuevo a la batalla.


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Cuento de la dama de Veraux

Cerca de Beliond, en el Cabo del Lobo, se alza la ciudad de Veraux, donde reina una antigua y sangrienta tradición que manda que para que un hombre y una mujer puedan unirse, él debe regalarle un flor de Crecedero, la criatura más mortal que crece en esas tierras. La Crecedora come hombres alcanza su tamaño máximo en tres días, y su tamaño es lo bastante grande como para devorar a un jinete y su caballo en menos de tres minutos.

En el interior de su boca crece una flor de oro muy hermosa, y eso es el precio que exigen las damas de la ciudad a los caballeros que tras ellas van.
Cuenta la leyenda que una vez un hombre se quedó enamorado de la princesa, y ella le pidió una de esas flores solo a cambio de tener la posibilidad de pedir a su padre que le permitiera unirse a ella, y él se negó viendo injusto el tener que arriesgar la vida para que luego no conseguir nada. Ella también lo amaba pero no se atrevía a enfrentarse a su padre. Hizo subir al muchacho a la torre y yacieron juntos hasta que salió el sol, y luego él salió en busca de la flor. Mientras que ella se encerró en la torre y prometió no salir hasta que su amado volviera.

En el camino una ninfa engañó al joven y lo utilizó para conseguir una de las flores. Él, se lanzó a por las flores y alcanzó una antes de que la planta le atrapara, pero no pudo conseguir la segunda y fue engullido y resultó muerto. Y nunca volvió.
La Princesa se quedó para siempre encerrada en la torre y el pueblo murió, y nada más se supo de él más que leyendas y cuentos.


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Canción de la dama de Veraux

Crece y crece sin ataduras
en las colinas de Bosque Verde
la prueba que pido yo.

Hojas doradas, mortal veneno
entre dientes afilados
en el corazón del bosque.

Ten cuidado caballero,
si lo que quieres es mi amor,
has de arriesgar tu vida.

Me has de traer una flor
si quieres volver a mi,
que demuestre tu verdad.

Te aguardaré en la torre
hasta que la traigas aquí
Amándote para siempre.

Ten cuidado caballero,
si lo que quieres es mi amor,
has de arriesgar tu vida.

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El trágico viaje de John Price

En las lejanas tierras del Sur, al oeste del Desierto de los Muertos, se alzaba en las eras antiguas un castillo que protegía y gobernaba el condado de Nunon. En ese castillo, un vampiro ostentaba el trono, y, como la mayoría de los vampiros, era un sanguinario que se alimentaba de su propio pueblo.

Con la escusa de un peligroso dragón, exigía que dos jóvenes, un chico y una chica, fuesen abandonados en el bosque cada mes. Así eran las cosas hasta que los elegidos fueron John Price, un chico alto y fuerte de cabellos castaños; y a Cloe Anele, una muchacha de su misma edad. Ella era una ingenua y consideraba honorable morir por mantener a su pueblo, pero él sabía que lo que les esperaba en el bosque no era un enorme dragón, sino algo mucho más terrible.

Y antes de que los llevaran a su muerte, él talló una estaca de madera y la escondió en el interior de de su zurrón. En el bosque, el Vampiro y su señora, la Vampiresa, los esperaban, y él se abalanzó sobre Cloe y la desangró en cuestión de segundos, pero cuando la mujer iba a realizar un movimiento similar al de su pareja, John se adelantó y hundió su estaca en medio del pecho, y como castigo, la mujer, justo antes de morir lo convirtió en vampiro. John abandonó el pueblo después de coger fuerzas bebiéndose a dos vecinos. Pensó que sería libre ahora que ni siquiera la muerte lo ataba, pero pronto la culpa se apoderó de él y se prometió que jamás mataría por placer. Promesa que cumplió siempre… hasta que llegó a un pueblo vecino dos noches después, donde diezmó a la población, pero sus sentimientos seguían atormentándolo, y pueblo a pueblo, fue volviéndose más y más loco, hasta que en una aldea Iber, mató a la mujer de un cazador de monstruos, que empezó a perseguirlo y  a destrozarle la vida aun más que sus sentimientos, llevándolo hasta un lugar conocido como el toro donde convenció a sus habitantes de que tomaran una de las pocas cosas dañinas para los vampiros, impidiendo así que el loco y desesperado John no pudiese alimentarse, hasta que, acosado por el hambre mordió a una chica y se envenenó a sí mismo, quedando indefenso, y fue entonces cuando el cazador llevó a cabo su venganza. 

No mató a John, lo condenó a algo peor. Lo encerró en un ataúd de acero para toda la eternidad, sin posibilidad de probar la sangre, para que se consumiese poco a poco destrozándose por dentro y jamás pudiese volver a matar. Ese fue el final del viaje de John Price, un viaje de solo doscientos kilómetros que lo volvió loco y acabó con él. Pobre John Price, y, pobre de aquel que encuentre su ataúd y lo abra, pues seguro que después de tanto tiempo, está hambriento, muy hambriento.


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Canción del Gran Guerrero

Venid aquí muchachos que os voy a contar
la historia de Diego y el malvado Cruat.
Lucharemos unidos como hicimos ayer,
por nuestras familias al amanecer.

Uno tras otro a sus secuaces venció,
y a su amada Violeta del mal rescató.
Lucharemos unidos como hicimos ayer,
por nuestras familias al amanecer.

El caballero a los pueblos ha vuelto a unir,
y bajo una bandera cabalgan al fin.
Lucharemos unidos como hicimos ayer,
por nuestras familias al amanecer.

Los tambores ya suenan y empiezan a marchar,
el sol está fuera y la batalla va empezar.
Lucharemos unidos como hicimos ayer,
por nuestras familias hasta el amanecer.


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Profecía del Caballero Negro

Cuando el Caballero Negro

vuelva a cabalgar en lo alto

y vuelva a batir sus alas,

una tormenta de fuego

despertará a los guerreros

hundidos bajo basalto

y apresados en el hielo.

Solo entonces el valiente,

el Último Gran Guerrero

podrá alzarse sobre el mal

y liberar a las gentes

de la malvada oscuridad.

La paz regresará entonces

a las tierras de Gorgótem

y el hombre podrá descansar

hasta que el mundo lo vuelva

otra vez a necesitar

para que en otro lugar

la justicia y el bien puedan

volver como siempre a reinar.   

Acacia


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