Estos seres, unidos de por vida a la magia del mundo y antaño respetados por todas las demás razas de Ériandos, se han recluido en la soledad de sus propias comunidades apartándose del resto del mundo y de ellos mismos. No es si no en contados lugares como en la Tríada o algunos asentamientos de los oscuros donde aún algunos conviven con el resto del mundo. Este aislamiento les ha convertido en seres misteriosos, en muchos lugares, enfrentados a otras razas e incluso entre ellos mismos.
Los elfos son los seres pensantes más antiguos de Ériandos, las primeras personas que hollaron la tierra del mundo, y ayudaron a levantar sus bosques y mantener las tierras bañadas en la luz. Antaño sentían aprecio por todas las cosas del mundo, incluidas las demás razas pensantes cuando fueron apareciendo, incluso llegaron a tener estrechos lazos con los hombres. Sin embargo, nada perdura para siempre y la guerra entre los que habían sido como hermanos se desató cruel y sangrienta. Nadie recuerda cómo empezó, pero tras arrasar el floreciente reino humano de Dracan, los elfos se enfrentaron a algo que jamás habían visto, la fuerza unida de todos los hombres. Tras la derrota, se dispersaron por todo el mundo, alejándose todo lo que pudieron de los herederos de Dracan, haciendo suyos los bosques para que aun cuando los hombres legasen a esas nuevas tierras, no pudiesen encontrarlos.
Sin embargo, no todos los elfos se enfrentaron a los hombres, algunos, que habían marchado bajo tierra antes de la guerra para perseguir y aniquilar viejos males hace tiempo olvidados, regresaron al mundo cambiados, y no sabían nada de la guerra con los hombres, y cuando lo supieron, no quisieron tomar partido. Los elfos se separaron para siempre, pues unos decían que los otros habían abandonado la luz, y otros no estaban dispuestos a aceptar órdenes ciegamente. Estos últimos buscaron refugio bajo tierra, pues los boques también estaban cerrados para ellos, y los humanos ya no confiaban en los elfos como habían hecho antaño.
Tanto unos como otros sienten un profundo respeto y amor por la naturaleza, aunque cada uno lo expresa de formas muy distintas, en ambos se refleja en sus ciudades y pueblos, indistinguibles de los entornos naturales que ocupan, sin importar si están en los bosques más altos o en las más profundas cavernas, están siempre decorados con cristalizaciones y agua, y dispuestos de tal manera que la mínima luz sea aumentada más allá de cualquier límite imaginable.
Gracias a sus largas vidas, los elfos atesoran innumerables saberes y los almacenan en gemas para mantenerlos a salvo de miradas indiscretas y que permanezcan solo al alcance de aquellos de su misa raza, aunque también pueden escribir, no lo hacen salvo en contadas ocasiones, como por ejemplo para decorar las entradas de sus moradas, sus ropas e incluso sus armas.
Tras la guerra con los humanos, mucha de esta sabiduría se ha perdido, pero, aun así, los elfos continúan ostentando la corona de la sabiduría, pues ni con esa pérdida ninguna otra raza puede igualar sus conocimientos. Los elfos respetan la pureza y las artes, por lo que aún se dejan impresionar por los grandes artistas de otras razas, si logran igualar sus obras, o por los grandes guerreros, pues la guerra, como todo lo que practican, es para ellos un arte también.
A pesar de todo, aquellos que se han ganado la amistad de un elfo saben que es algo para toda la vida, algo que perdurará más allá de la muerte de uno mismo, y aunque no sea sencillo conseguirlo, es algo de un valor inestimable, pues abre las puertas para conocerlos más allá de su capa de misterio y fantasía.
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