Voces Gorgotianas

Desde la costa de hielo,

hasta el muro de roca,

se extiende gloriosa,

Gorgótem valiosa.

Ahora vemos nuestra tierra,

asolada por mil males,

y desenfundamos las armas,

para salvar nuestras almas.

Desde la sombra vigilan,

Dos ojos que miedo dan,

Brillantes de oro y violeta,

en Shar-Vane fijos están.

Un día a ella llegaremos,

para salvar a nuestro pueblo,

y su cabeza veremos,

rodar, rodar y rodar.

Sobre Cuerno marcharemos,

para luchar contra el gran mal,

otra bruja y un brujo,

a los que hay que matar.

Cruat y la bruja Sonajero son,

los que del abismo dirigen,

sin miedo ni dolor,

a soldados que no mueren.

Su yugo romperemos,

y a todos libraremos,

ahora y por siempre,

de este negro mal.

Soldados gorgotianos,

listos para marchar,

con un dragón al frente,

marchan a ganar.

Soldados de otro tiempo,

que ya diestros son,

blanden sus espadas al tiempo,

y al ritmo de este son.

A la victoria marchan.

A las brujas destruirán.

Y así los pueblos, libres otra vez serán.


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La reina y la bruja

Angélica era una muchacha sencilla cuya madre se ganaba la vida cuidando los animales de los Castillalto, en el Valle de los Ángeles.

A ella le encantaban los caballos, y pasaba los días acariciándolos y cepillándolos mientras su madre se encargaba del resto. El señor del castillo estaba tan acostumbrado a verla por allí que había aprendido su nombre, y, a menudo le regalaba ropa de su propia hija cuando a esta se le quedaba pequeña. No hace falta decir que Angélica destacaba entre el resto de la gente de su aldea, y no tuvo que pasar demasiado tiempo cuando empezó a levantar envidias.

Entre la gente de la aldea empezaron a correr rumores. El más típico era que el Señor gustaba de la compañía de la niña durante las noches, y, aunque no era cierto, la verdad no bastó para acallarlo.

No parecía que aquello molestase a la muchacha. Ella seguía viviendo bien, cuidando de los animales junto a su madre y pasando los inviernos caliente gracias a las ropas viejas del castillo. Sin embargo, una mañana gris y lluviosa llegó al castillo una carroza tirada por dos temibles dracos de escamas brillantes y miradas frías. Aquel día, llegó una mujer del norte, Axara. Bella como un campo nevado y dura como el mismísimo hielo conquistó el corazón del Señor del castillo como solo las gentes del norte saben hacerlo.

Ambos se casaron al poco de conocerse, y la mujer fría fue gentil también con la muchacha, a pesar de los rumores y habladurías. Le enseñó a acercarse a los dracos, a entender sus necesidades y sus deseos, y a deber cuando se está a salvo y cuando no. Aquella mujer no parecía ver la diferencia entre la nobleza y la gente de a pié, y aquello era algo que ni la muchacha ni nadie había conocido hasta ahora. Sin embargo, la enfermedad se llevó a su madre y el Señor la acogió en el castillo.

Las habladurías se daban por confirmadas y la gente, corroída por la envidia se erigió en defensa de la señora. Una defensa que ni había pedido ni necesitaba, pues la muchacha se limitaba a vivir su vida siguiendo con el oficio que su madre le había enseñado. Aún así las voces ignorantes a veces hablan tan alto que es imposible ignorarlas. El Señor, tuvo que intervenir, pese a que su esposa trató de evitarlo, y para asegurar el bien de muchos, tuvo que ejercer el mal sobre un inocente. Echó a la muchacha del castillo y la privó de su trabajo. En el pueblo la repudiaron, acusándola de pecados que no eran suyos y hablándole desde el odio más irracional. Ella cogió lo poco que le quedaba y huyó al bosque, aunque no pudo llegar muy lejos, pues fue devorada por una manada de lobos. Sin embargo, eso nadie lo sabía, y quiso el destino que el Señor enfermase repentinamente aquel mismo día, y tiempo faltó en el pueblo para que la pobre muchacha fuera llamada bruja al grito de todos, y con ese cántico subieron al bosque armados con fuego y orcas, en aras de darle caza.

Pero la envidia y la ira son pecados capitales que nublan la mente y ensombrecen el alma, y en el bosque no hallaron ninguna bruja, pero si lobos. Decenas de lobos con decenas de dientes. Los que no cayeron en seguida, trataron de huir de vuelta al pueblo, donde la Señora del Castillo había bajando para tratar de detener la locura desatada contra la muchacha, y explicaba a algunos aldeanos que habían quedado que la niña no había sido responsable de la enfermedad de su esposo.

Los lobos fueron tras ellos, y devoraron a toda alma que allí habitaba. Sin embargo, cuando habían rodeado a la reina norteña, un venado salió del bosque y todos los lobos echaron a correr para darle caza, como si hubieran olvidado a la mujer, la única que había permanecido firme y no se había dejado engañar por envidias y rumores.


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El telar

Llevaba mucho tiempo usando ese telar, había estado en esa casa desde que tenía memoria y, según le contó su madre, fue uno de los regalos de boda que tuvo cuando se casó. Era un telar antiguo, cuya madera tenía unas extraños tallos que parecía que lo iban envolviendo como enredaderas y que terminaban en unas flores que, de tan reales que eran, hasta transmitían cierta fragancia dulzona. Una vez, usándolo, le pareció que una voz sensual le hablaba, diciéndole que se dejara llevar, que le podría ofrecer todo aquello que deseaba. Lo dejó abandonado en algún punto del sótano, cubierto con una sábana blanca, aunque siempre que bajaba esta parecía que se moviera con una brisa invisible. Un día, llegó la guerra y el señor requirió que todos los hombres que pudieran luchar se unieran al ejército, bajo pena de muerte. No les quedó otra y con lágrimas en los ojos los vio partir, una fría mañana de invierno.

Empezó a tener sueños donde morían de la forma más horrible, y en ellos siempre escuchaba esa voz seductora que había escuchado años atrás en el telar. — Yo podría salvarlos, solo tienes que desearlo y crearlo entre las dos, este destino aún no está fijado.

Siempre como respuesta murmuraba una leve oración a Ela, sabía que el destino no podía cambiarse y que tenía que conformarse con el plan que tenía Ela para sus seres queridos. Fueron pasando los días, y cada vez los sueños eran más horribles, lo que al principio era una muerte rápida en batalla se convirtió en horas primero y después días de sufrimiento y agonías extremos. — Eso seguro que no es lo que Ela querría, tengo que cambiar ese destino – pensó una de esas noches de insomnio. Rápidamente bajó al telar y casi le pareció que, al tocarle, algo la abrazaba. Empezó a tejer de forma salvaje, y las imágenes casi salían solas. En ellas solo salía su marido y su hijo que alzaban una bandera en un campo lleno de cuerpos. Parecía una bonita escena, pero al mirarlo con más detenimiento, había un brillo cruel en sus ojos que antes no existía y entre los cuerpos se veía que los enemigos se habían encarnizado demasiado, la sangre cubría de color las flores antaño blancas y le daban a la escena un cierto toque macabro. Pero ella solo veía que sus seres queridos volverían a casa, junto a ella, y eso era lo único que le importaba. Siguió contemplando el telar horas, para ella no parecía pasar el tiempo. Solo veía la belleza de esas flores ahora manchadas con un tono carmesí que cubrían la tierra cuál tapiz, y esos dos hombres con una sonrisa triunfal ….Primero escuchó unas notas de una trompeta, indicando que alguien conocido llegaba al pueblo, pero esas notas se apagaron súbitamente y al cabo de unos minutos, únicamente retumbaban en sus oídos gritos de auxilio. Con ese sonido y una extraña melodía que parecía completar los silencios, sus ojos empezaron a tomar un brillo salvaje — Ahora vengo mi amor a bailar contigo – susurró, y fue a la cocina a coger todo lo necesario para poder cumplir la voluntad de esa susurrante voz.

Un mercader pasó por ese pueblo al cabo de unos días y tuvo que respirar hondo para poder soportar toda la crudeza de la escena

– No han tenido piedad, quién sea que haya realizado esta masacre estará condenado al fuego eterno – musitó y empezó a musitar una leve plegaria a Ela, estaría en todas partes pero, ¿dónde estaba cuando se cometía semejante carnicería? Por un instante pensó en enterrar a todos los muertos, pero eso hubiese sido una empresa titánica para una sola persona, y más siendo él un simple comerciante. 

– El fuego seguro que purifica el pueblo y llevará a estas pobres almas al regazo de Ela – empezó a prepararlo todo para incendiarlo, tirando la brea necesaria en los edificios y usando algún poco de leña del bosque cercano. Cuando lo tenía todo preparado, prendió fuego a la mecha y estaba a punto de lanzarla cuando de repente algo le hizo parar la mano. — ¿Qué hace ese hermoso telar en medio de esta carnicería? – se preguntó casi extrañado de ver alguna belleza en medio de ese campo de batalla. — Sería una lástima que se quemara junto a estos cuerpos.

Al cabo de unas horas, ese mercader empezó a silbar una melodía de camino a su hogar, era algo pegadiza y tenía cierto toque sinuoso, que invitaba a una caricia y que prometía cumplir esos oscuros deseos que poblaban su alma, y en esas cavilaciones no pudo escuchar esa risa cantarina que provenía del fondo de su carro….

Este objeto está poseído por una entidad que sólo busca crear el sufrimiento y el caos allí donde pasa. Va recorriendo Ériandos, pasando de mano en mano y dejando sólo escenas de destrucción allí donde pasa.


ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE:

GEMMA SÁNCHEZ

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Cuentos de Brujas

No toda la magia es mala, es más, ninguna magia es mala. Lo malo son los usos que las personas pueden llegar a dar a la magia. Por suerte, yo no soy mago, si no podríais ir preparándoos, pero sí hay gente que puede controlarla, y hay que guardarse de ellos.

En tiempos antiguos, cuando todos los elementales aun vivían en Ériandos y todos los hombres eran guerreros, vivían en la ciudad élfica de Luzestrella, que después se conocería como la Capital Imperial de Luz, un padre con sus dos hijas, Queta, la mayor y Marga, la más joven. No tenían mucho, pero es que nadie tenía mucho en aquella época. Vivían felices con lo que conseguían, pero un día, los elfos se marcharon a los bosques, y las enfermedades llegaron a la ciudad, el sueño negro y con ellas, la muerte.

Su padre cayó enfermo, y fue cuando la hija mayor decidió sacar partido a sus secretas habilidades e intentar curarle. pero para cuando aprendió lo suficiente, ya fue demasiado tarde, y su padre murió en sus brazos. Aún así, la magia que había llegado a dominar era impresionante, y pensó, que podría traerle de vuelta.

Buscó y buscó hasta que encontró un libro negro en una biblioteca olvidada, y de allí un hechizo aprendió, que devolvía la vida a los muertos.

Cada día, su hermana le pedía que se detuviera, que su padre merecía descansar en paz, pero ella no le hacía caso, pensaba que nunca podrían sobrevivir en aquel mundo solas, así que siguió y siguió, hasta que un día consiguió abrir el portal que conectaba ambos mundos. Su hermana, aterrada al ver lo que acechaba al otro lado del portal, trató de detenerla, y en el forcejeo, Queta se golpeó contra la pared y quedó inconsciente, su hermana, sin saber que hacer la soltó. Al caer, la bruja se destrozó la parte derecha del cráneo contra la mesa de la sala, que habían tirado mientras peleaban y murió, pero el portal seguía abierto y parte de su alma logró volver a su cuerpo, pero solo parte, la parte más fuerte, la parte mágica, la parte que se aferraba desesperadamente a la vida. El espíritu alzó el cuerpo y se quedó en él, arrancando los pedazos rotos, y para mantener aquel cuerpo ya muerto, halló la solución y la venganza.

Devoró a su pobre hermana que ni siquiera alcanzó a moverse ante aquel horror, viendo, como su hermana, a la que había matado, se acercaba a ella arrancándose los pedazos rotos del cráneo. Como la agarraba con fuerza y hundía sus fauces desencajadas en su carne, sintiendo como le arrancaba la carne y la vida sin poder ni siquiera dejar ir un grito de terror. Adquirió así la bruja el gusto por las jóvenes y absorbió el alma de su hermana, fortaleciéndose, usando su carne y su energía para dar nueva vida a su cuerpo nueva vida a su cuerpo.

El tiempo pasó y con una máscara de porcelana y oscuridad cubrió su falta, y comenzó a buscar otras brujas por todo el mundo, guiada por una fuerza que no comprendía, algo que había salido de aquel portal adherido a los restos de su alma. Con el paso de los años, las décadas y los siglos, todo el interior de su cabeza fue pudriéndose y desapareciendo. Cuando estuvo completamente vacía, y su cuerpo no era más que una envoltura para su espíritu y aquella fuerza que la movía, un accidente hizo que su máscara se rompiese y que algunos trozos quedaran en su interior, provocando macabros ruidos cuando se movía hasta que logró sacarlos tiempo después. La cara de terror en los ojos de las pobres almas puras que devoraba cuando escuchaban aquel aterrador sonido le encantaba y desde entonces se dio a conocer como la Bruja Sonajero, la bruja de la máscara blanca.

Así logró sobrevivir, devorando sin control hasta llegar a ser la bruja más aterradora y poderosa del Imperio naciente de Luz. Gracias a ella decenas de ciudades habían caído, su nombre poblaba miles de historias que aún hoy hacen estremecerse a quienes lo escuchan, y cuando un joven mago llegó al imperio con tanto odio como ella guardaba, empezó a tramar un plan para adueñarse de todo lo vivo en el mundo.

Reunió poco a poco un ejército de brujas. La mayoría se unieron a voluntad, pero las que se negaban, eran sometidas y obligadas por el joven y prometedor mago. Con esas arañas y las brujas, más ciudades cayeron. El emperador que acaba de conocer a una bellísima joven, ordenó crear a la guardia imperial contra la magia, aconsejado por ella, y tras la enorme boda que sumió al imperio en alegría, la guardia, arrasaba con la magia allí donde la encontraba, logrando que los magos juraran lealtad al Imperio, y quemando a los que se negaban y a los brujos. La bruja Sonajero y su muchacho desaparecieron y el imperio se consolidó y creció más que nunca, expandiéndose a lo largo y ancho del vasto mundo. El emperador había encontrado a una mujer que además de bella era inteligente, y amaba a su esposa Sona con todo su corazón. Los años pasaron en paz hasta que la Bruja halló a una joven en Triada, uno de los pocos territorios aun sin conquistar por el creciente y poderosísimo Imperio de Luz, una maga que sería más poderosa que incluso ella o el propio mago mago que tanto la había ayudado, y pronto se hizo con ella y la llevó al imperio para dominarla, advirtiendo al mago que nunca debería despertar todo su poder, por qué de ese modo, ni la araña podría controlarla. Y así, con la araña en el pecho, la criaron y entrenaron hasta que llegó la hora de partir de nuevo a la batalla.


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