La Ciénaga de las Ánimas

Durante la fundación del imperio, una de las más cruentas batallas fue librada al sur de Luz, en lo que ahora forma parte del imperio central. Allí, un pequeño reino de seres feéricos fue totalmente masacrado por las tropas imperiales, pero sus espíritus se mezclaron con la tierra y la inundaron con su magia el lugar en el que su reino se alzaba. De estos feéricos parientes de los elfos más antiguos quedaban fuerzas asesinas, que arrasaban con todo lo que pasaba por el lugar. Aquellos espíritus más fuertes se materializaron en formas terribles, que el naciente imperio no pudo contener. 

Como debía seguir enviando tropas por la ruta que atravesaba el territorio maldito, el imperio pagó a una bruja para que sellase a los espíritus. Esta llevó al lugar a todo su aquelarre, y juntas sellaron aquel reino en un gran pantano que permitía el paso de las tropas imperiales. Mantener el hechizo era costoso, y se ató a la línea de sangre de la bruja que mandaba el aquelarre, así su poder se iba heredando de madres a hijas.

Con el tiempo, los espíritus buscaban formas de escapar, lo que hacía que el hechizo requiera más fuerza, así que durante años el cenagal creció lentamente. Cuando el imperio se asentó y aquellas tierras pasaron a ser parte del imperio central, el paso hacia las zonas más al sur se estableció por otras sendas, evitando la ciénaga, que siguió creciendo hasta ahora. Olvidada por todos.

Fría Será la Noche

 Frías son las noches
que paso alejado de ti.
Frías son las noches
en las que solo me queda el recuerdo
de lo que fui.

Frías son las noches
que no te veo sonreír.
Frías son las noches
aunque calienten los fuegos malditos
mi sangre y mi cuerpo.

Frías son las noches
que no te escucho reír.
Frías son las noches
Que siento el peso del acero sobre mi
y veo el mundo a través de mi yelmo,
sosteniendo en mi mano la muerte
del hombre que yace ante mi.

Frías son las noches
que solo voy a dormir.
Frías son las noches
Que me faltas tumbada en la cama
abrazada a mi.

Frías son las noches
que ya no me hablas a mi.
Frías son las noches
que partimos armados a la cruel batalla
a matar o morir.

Fría será la noche
en la que podré partir.
Fría será la noche
En la que ya nunca pueda pensar en ti
y será por que muerto me halle
en la tierra batida del campo
feliz de haber muerto por ti.

Los pendientes de la Luz de Ela

Por todos aquellos cuya fe está puesta en la luz sagrada e infinita de Ela es sabido que portar su símbolo te hace sentir más iluminado, guiado por su haz en un mundo oscuro lleno de sufrimiento y dolor.

Sin embargo, es también sabido que aquellos que se consideran más cercanos a la luz y que esgrimen su poder fuera de sus mandatos oscureciendo sus almas, también pervierten sus símbolos, y los conviertes en oscuros reflejos de lo que debían ser.

Es por eso que la Luz de Ela se representa de muchas formas. No puede atarse a un solo símbolo corruptible, por mucho que a algunos les pese.

De esto era muy consciente el señor Marco Sexto Batientes, un señor acaudalado que se las había arreglado para comprar algo de tierra cerca de la Ciudad Capital de Luz y una casa en la ciudad, lo que le daba el título de noble y le aseguraba un asiento en el Consejo Imperial, al cual, dada su cercanía a la ciudad, podía acudir siempre, por lo que su opinión siempre contaba, por encima incluso de la de grandes señores del imperio cuyas tierras estaban demasiado alejadas de la capital como para acudir a cada reunión del consejo.

Marco era el primero de su familia en haber amasado una fortuna suficiente como para haber logrado tal hazaña, y también el primero en haberlo hecho a tiempo que un terreno en luz estaba disponible para su compra, cosa que no pasa tan habitualmente como a algunos les gustaría. No tardó en aprovechar su nueva posición para ir adquiriendo nuevas tierras y acrecentando su fortuna. Como dicen en Luz, sus cabellos crecieron fuertes y sanos.

No tardó mucho en encontrar a quién quisiera compartir su fortuna y tras casarse, tuvieron una hija a la que llamaron Aurelia Prima. La madre de la niña, Camila Octava Cruces, pertenecía a una de las familias más importantes del imperio, aunque su poder se hallaba muy lejos de Luz. Su matrimonio con Marco le brindaba lo único que le faltaba a su familia le faltaba. Un lugar cercano a Luz para poder formar parte real del consejo.

Camila era una mujer inteligente cuya mano en el consejo no se hizo de esperar. Habiendo vivido tantos años alejada de lo que realmente era su derecho, tenía claras muchas de las cosas que quería conseguir, y no esperó a nada ni a nadie para empezar a proponerlas. Cuando las primeras dieron sus frutos, estos fueron tan satisfactorios que el mismísimo emperador empezó a tener sus ideas en mucha consideración.

Si entre Camila y Marco había verdadero amor es algo de lo que la gente corriente y otros nobles hablaban y comentaban, ¿pero, acaso hay amor más verdadero que el de estar dispuesto a darlo todo por la felicidad del otro y la propia? Camila y Marco eran dos personas de fuertes convicciones y de tenacidad inquebrantable. Juntos parecía que nada podía detenerles.

Aure, como sus padres la llamaban, había heredado su confianza y tenacidad, pero sus intereses quedaban muy alejados de los de sus padres, algo que ya de bien pequeña empezó a demostrar. No soportaba los largos sermones de los sacerdotes de Luz, pese a lo insistente que era su padre. A pesar de los esfuerzos por aficionarla a la lectura de su madre, la niña prefería correr, escalar y pelear con otros niños.

Entre el barro, los moratones y las magulladuras casi nunca podían distinguirse su pelo rubio y su piel sonrosada. Una vez llegó a ensuciarse tanto que tuvieron que cortarle el pelo, lo que causó un gran pesar en la familia.

Cuanto más insistían sus padres en algo, más hacía Aure lo diametralmente opuesto. Por eso pasaba más tiempo fuera de los muros de Luz que en el barrio donde se alzaba la imponente casa de los Batientes Cruces.

Como una fuerza de la naturaleza, Aure creció fuerte, sana e indomable como un animal salvaje. Su espíritu le confería una fuerza y una belleza que pocos eran capaces de igualar. Solo tenía que aparecer en un lugar para captar la atención de la gente, y con unas cuantas palabras le bastaba para convencer a cualquiera de cualquier cosa.

Gracias a la perseverancia de sus padres, Aure había aprendido todo lo que habían podido enseñarle, y, aunque con ideas muy distintas a las de ellos, estaban seguros de que algún día formaría parte del Consejo Imperial, tal y como ellos lo eran.

El potencial de Aure era tal, que no solo sus padres lo habían percibido, también otros, algunos estaban encantados viendo lo que una persona así sería capaz de aportar, sin embargo, otros solo pensaban en el poder que podrían perder si a las ya irritantes ideas de Camila y Marco se le unían las de alguien a quién nadie parecía ser capaz de decirle que no.

Desde que cumplió quince años, Aure frecuentaba los salones de tabernas y posadas prestando atención a lo que la gente hablaba en ellas, y, allí donde se le permitía, aportando sus propios pensamientos. Aquellas charlas habían abierto su mente más allá de lo que cualquiera podría haber esperado, y sus opiniones, pese a su juventud, eran escuchadas en prácticamente todos los círculos, desde los más eruditos a los más cotidianos.

Gracias a esos coloquios, la chiquilla había tenido contacto con personas muy sabias, maestras en su campos y conocedoras de muchas cosas. También con gente apasionada, con nuevos puntos de vista que no todos los que vivían a los pies del barrio del Ascenso podían conseguir.

Si bien seguía sin soportar los sermones de los sacerdotes, ni en la iglesia más humilde, ni en la propia catedral, hablar con ellos fuera de tanto formalismo le parecía de lo más enriquecedor. Incluso había llegado a tener una opinión formada sobre Ela y toda la religión centrada en torno a su figura y obra. Como tantas otras cosas, le resultaba apasionante.

Cuando cumplió dieciséis, su padre le regaló unos pendientes de oro con el símbolo de la luz, pero ella no quiso aceptarlos al considerarlos más un símbolo de ostentación que de fe. Fue entonces cuando su madre le encargó unos en acero. Por las condiciones del material, resultaron más grandes y pesados, incluso toscos, pero a Aure le parecieron perfectos. Algo representaba a la perfección lo que para ella era la fe. Algo que a veces costaba mantener, que no era perfecto, pero que, si se cuidaba, se mantenía sólido y firme sin importar el tiempo que pasase.

Aure, que era indudablemente inteligente, sabía que ella sola no podría cambiar el mundo lo suficiente, así que, además de tratar de convencer a cualquiera que le diese la oportunidad, disfrutaba de la vida cuanto podía, a veces, corriendo riesgos que a su madre le parecían innecesarios y que su padre calificaba mucho más despectivamente.

De todos los amantes que tuvo, sus rivales no pudieron encontrar ninguno que dijera ninguna cosa de ella que pudiera ser reprochable. Había compartido intimidad con cada persona que le había parecido lo suficientemente apasionada e interesante, y de todos había escuchado sus ideas y compartido sus pensamientos. Aunque era consciente de que la mayoría no estaba preparada para su forma de ver el mundo, eso nunca la detuvo a la hora de intentar mejorarlo.

Sin embargo, otros si hicieron lo posible por detenerla. Aunque no se salía de la normalidad de la vida de alguien que perteneciera a una familia importante, sí era curioso que ella recibiese incluso más atención de cualquier atacante que sus padres. Sumado a su negativa a dejar de moverse libremente y a que la acompañase una escolta, sus salidas cada vez preocupaban más a sus padres, y no sin razón.

Con veinte años, a una edad ciertamente temprana, Aure habló por primera vez delante del Consejo en pleno, en sesión oficial, para exponer sus ideas con respecto a la propia Ciudad Imperial. Ideas que, como lo hacían las de sus padres, agradaron incluso al emperador. Aquello demostró lo que muchos ya daban por hecho.

Antes de su próxima audiencia, dos días más tarde, encontraron su cuerpo junto con el de otra mujer. Acuchillados y destrozados, sus cuerpos aparecieron en las callejuelas del barrio que se extendía más allá de la puerta oeste, fuera de la segunda muralla de la Ciudad Imperial. Tenían signos de haber sufrido vejaciones y martirios antes de morir, y a Aure le faltaba uno de sus pendientes de acero.

Aquella noche Aure paseaba con Rosa, otra muchacha con quien Aure disfrutaba de su conversación y su visión del mundo. Aunque Rosa no había tenido la suerte de nacer en una familia adinerada, no había dejado de interesarse por el mundo que la rodeaba, y le ofrecía a Aure una perspectiva que ella consideraba muy necesaria.

Salían de la taberna Sol Poniente, abierta hacía poco en el barrio, una de las pocas tabernas extramuros que funcionaban en Luz. Salían de haber estado hablando con viajeros que aprovechaban para no entrar en la ciudad y evitarse los retrasos y horarios del cierre y la apertura de las puertas. Aure trabajaba en una propuesta que permitiera a la gente poder seguir entrando y saliendo de la ciudad durante la noche, sin perder la seguridad de los que vivían entre los muros. Pero esa propuesta nunca vio la luz. Dos encapuchados las esperaban en la salida y se encargaron de acabar con ellas.

Por primera vez, y gracias a la cercanía de la familia con el emperador, se permitió a los jueces de Luz participar activamente en una investigación. Un cambio que sentó las bases para la lucha contra el crimen en luz. Tres jueces llevaron el caso. La juez Silvia, del distrito de la Puerta Oeste, el juez Severo, especializado en juicios de asesinos, y la juez Alejandra, del distrito del Ascenso.

Los tres, trabajando juntos, lograron reconstruir lo sucedido y registrarlo en los documentos oficiales pese a todos los impedimentos que surgieron. Empezando por la complejidad del propio caso y los intentos de quienes lo orquestaron de terminar con la investigación.

Al principio fueron las protestas en contra de la magia usada por los jueces, pero como no consiguieron frenarlos, dado el apoyo que tenían por parte del emperador para resolver el caso, pronto dejaron que todo se enfriase.

Lo siguiente era evidente, destruir cuantas pruebas fueran necesarias. El lugar donde las encontraron no era aquel en el que les habían arrebatado la vida, las habían dejado allí conscientemente. Los jueces pudieron encontrar el lugar donde las mataron, y a quién vivía allí colgado junto con una nota que pretendía hacerle parecer el culpable arrepentido del crimen. Cuando tampoco eso funcionó, aquellos que las habían torturado murieron en un incendio en su propio escondrijo, pero los jueces siguieron buscando.

Gracias a su magia habían podido ver cómo, cuando fueron atacadas, Aure se arrancó uno de los pendientes y lo usó para mantener a raya a su agresor, pero lejos de huir, y aunque le había destrozado la mejilla a ese malnacido, Aure se lanzó a por el que arrastraba a su amiga, incapaz de abandonarla a su suerte. Pese a su lucha, no puedo hacer nada, y ambas fueron arrastradas a lo que se convertiría en su infierno en las próximas horas. Era aterrador ver a los jueces romperse y llorar al ver lo que las chiquillas habían pasado. Con cada avance en la investigación, más tórrida se volvía.

La Ciudad Imperial de Luz quedó cerrada durante tres semanas, hasta que los jueces encontraron al responsable, Luciano Tercio Muro Alumbrado. Un viejo noble que había dejado atrás a su familia para convertirse en sacerdote. Siempre había tenido mucho peso en el consejo, dada su cercanía con la iglesia, pero con la llegada de las revolucionarias ideas de los Batientes Cruces, poco a poco había ido relegándose a una posición común.

Cuando se supo, y pese a que él juró por su sangre que solo había pretendido darle un escarmiento a la chica y que habían sido los matones los culpables de todo lo ocurrido, El que por aquel entonces era el sumo sacerdote de Ela, el Lucem Accipit, Virginio Campano Décimo Iluminado, pidió expresamente al emperador que permitiera a la iglesia castigarlo, pues esos crímenes no habían sido solo contra el imperio, si no contra la propia naturaleza de la luz en la que Lucio había tratado de arroparse para seguir obteniendo beneficio personal.

Sin embargo, el emperador solo se lo concedió en parte. Desterró a Lucio no solo del Consejo Imperial o de la ciudad, si no de cualquier tierra imperial o que colindase con esta, y le despojó de todos sus bienes, los cuales destinó a acelerar las propuestas que Aure había llevado ante el consejo. Una vez dictada y cumplida esta sentencia, el Lucem Accipit podría añadir la pena extra que considerase necesaria.

Cuando salió el navío que lo llevaría a las heladas tierras del sur, donde terminaba el mundo y en verano el día duraba un mes y en invierno la noche hacía lo mismo, el Lucem Accipit partió con él y con una compañía de 20 fieles.

Tan solo 10 regresaron, con orden escrita de nombrar otro Accipit y un mensaje: “El alma de Lucio ha sido desnudada de su cuerpo ante Ela para que pueda juzgarla”. Ninguno de los que regresó volvió a hablar jamás. Algunos dicen que por culpa de los horrores que habían visto, y que por eso mismo el Accipit no había vuelto. Había ensuciado su alma a cambio de poder hacerle a aquel hombre todo el daño que él había causado, y por ello, él y los que se habían quedado a ayudarle, habían decidido expiar sus pecados entregándose a Ela allí, en una gran pira que iluminase la noche eterna.

Hoy, doscientos años después de su primera audiencia ante el Consejo Imperial, aquellos que conocen su historia lloran al ver como el nuevo emperador, San Yago de Cañadulce, manda retirar la estatua que la conmemora y deroga las leyes que se escribieron bajo sus ideales. Muchos han sido los que han tratado de encontrar sus pendientes a lo largo de estos años. Aquel con el que se defendió nunca apareció, y el otro fue donado a la iglesia por sus padres tras su funeral, pero nadie ha vuelto a verlo.

Fragmento del Libro Negro

Desde las profundas simas del corazón corrupto, por dónde el alma se desvanece a cada movimiento, llegan los gemidos horrorosos de las bestias que guardan la morada del traicionado. Portan sus cuernos como corona y se queman en el fuego del traidor por siempre condenadas a vivir eternamente así. El traicionado es fuerte y el odio lo quema como el fuego del traidor, y cuando se enfurece su fuerza aumenta y es capaz de mandar a una de esas criaturas al universo. No están vivas, por lo tanto no se pueden matar. No están muertas, por lo tanto tratan de alimentarse. Los hijos del traidor son sus guardianes, y evitan que las bestias se escapen de control. Todos son necesarios para mantener el equilibrio, los hijos del traidor y los del traicionado y si ese equilibrio se rompiese, las bestias quedarían libres y se comerían el mundo.

Adaptación del Libro de las Sombras de los Profetas de Cartaj VV.10230, 10240 Carínode

AJ VALADUMM GRADTORNIG VERGED UGM UMDUL, GRAT AJIEN BONE SO MOVIENT, ARRIG GURRDESMON FER ATT GGARMUNDAL EARENDELES HUMM CARTAJ. TUR MUNSDOMEN   BRUMNEN AR TAJ BLIONDER DURME MARME ETERNO. CARTAJ GUMDERAJ DAR BLIO FUR CAR OR DER TAJ, GLIOMAND DUR DERAJ DEM REPER AND DESTRUCTOR ERN UNIVERNOR VI, CANR MUR. NOR MUR, CAR DERAM.CARTAJIOD EARENDELES, AR KEP GGARMUNDAL MUR UNIVER. ARRGO INMENTEM DER UNIVER, CARTAJIOD AR TAJIOD NOR INMENTEM GGARMUNDAL DRED REVER ERN UNIVER.

Versión original


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Entre las ramas

Entre las ramas a todos observaba, de una a otra siempre saltaba, siguiendo a quien le parecía importante, siempre detrás de la gente. Era muy curioso. Siempre quería saber todo lo que pasaba. Por eso, cada día subía más alto y más alto, haciendo caso omiso de las advertencias de los suyos.

Un día subió tanto, que consiguió ver el cielo y la luz del sol le cegó y tuvo que cubrirse con el brazo para protegerse. Sus ojos, tan hechos a la umbría del bosque, tardaron un poco en acostumbrarse a aquella intensidad cegadora, pero lo hicieron, y allí vio cuan grande era el bosque, y hasta dónde se extendía. Vio un río, y lo siguió con la mirada hasta hallar una magnífica cascada que al estrellarse contra las rocas provocaba que la luz se viese de muchos colores distintos. También vio un valle, lleno de grandes animales pastando plácidamente, y luego miró miro al cielo, y vio como un águila se lanzaba hacía él, como lo encerraba entre sus poderosas garras. Admiró la belleza del gran animal, y sintió lo que era volar, una sensación que nunca antes había sentido, pero entonces el águila llegó a su nido y él sintió miedo, miró al águila a los ojos y ya no sintió nada más, pero antes, lo había sentido todo, incluso lo que era volar, y mientras miraba a la muerte, majestuosa, a la cara, pensó que había merecido la pena.


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La ayudante

Ayudó a colocar las vendas y ungüentos en sus sitios en las estanterías y se mordió el labio recordando cuando había llegado por primera vez a esa casa. Sola, asustada, había estado a punto de morder al doctor que le estaba curando las heridas del miedo y dolor que notaba. Las heridas físicas no tardaron demasiado en curarse, aunque las otras… Pasaron meses antes de que pudiese pasar unas horas a solas con él, antes que pudiera confiar en otro humano. Se le erizó levemente el pelo de la nuca y no pudo evitar que un gruñido emergiera del fondo de su garganta — Miguel no permitiría que le pasase nada, y más ahora que se sentía tan a gusto allí, ayudando en su consulta y a criar a su hija. 

Pasó levemente la yema de sus dedos por su pelaje, recordando que fue lo que la trajo a esa casa. Ya estaba acostumbrada a los golpes y a que el señor se metiera en su cama cuando él quería, pero cuando la pequeña rompió ese jarrón y vio cómo agarraba el atizador y se lanzaba hacia la pobre, no pensó demasiado. Se interpuso entre ellos y empezó a canalizar magia, para intentar crear una pequeña llama en su ropa. Eso fue lo último que recordaba, la pequeña llama y esos ojos verdes cargados de odio mientras descargaba numerosos golpes sobre su piel. La abandonó moribunda en un campo de flores, aún recordaba su aroma cuando cerraba los ojos, y como el doctor la encontró y la llevó a su casa. Tenía tanto que agradecerle… 

Siguió ordenando las diferentes pócimas, más por el olfato que por saber qué es lo que había allí escrito, y al final suspiró. Por mucho que intentara posponer lo inevitable debía ir a recoger a Ángela para partir en breve y no era algo que le hiciera mucha gracia. Por fin había descubierto en qué quería convertirse y dudaba mucho que pudiese aprender mucho más si se iba. Hasta le había prometido enseñarle a leer y era algo que siempre había querido. Subió a la habitación y vió a su compañera ya con la bolsa en la espalda, esperándola. 

— Corre Ángela, quiero llegar a la ciudad costera antes que se haga de noche. Seguro que si nos separamos allí una de las dos podrá obtener alguna cosa interesante.

Le quería decir que era un plan estúpido y que así seguro que no la podría proteger de los peligros de fuera. Pero quizá ella tuviese razón y así pudiesen obtener mejores resultados. Recogió su espada y se puso la armadura, las pocas pertenencias que tenía, y siguió a la chica a fuera.

Recorrieron el camino que les separaba de la ciudad en silencio, iba absorta en sus pensamientos y sólo abrió la boca cuando pasaron por un campo lleno de flores, comentando que quizá alguna sirviese para hacer uno de esos ungüentos para tratar heridas que había aprendido a usar no hacía tanto.

Llegaron a la ciudad por la noche y se separaron, prometiendo que se encontrarían unos días más tarde en la posada principal. Al día siguiente, entró en una de las tabernas mirando si podía encontrar algún trabajo y se encontró a un joven encapuchado que decía ser juez, que le ordenó capturar un hombre. Lo hizo sin saber que con ese gesto acababa de cambiar su vida por completo.


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ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE

GEMMA SÁNCHEZ

I Acampada rolera

Si has llegado hasta aquí, enhorabuena por que eres uno de los elegidos y significa que formas parte de una grandísima comunidad. Queremos invitarte a la primera acampada rolera de Ériandos en las que podrás disfrutar de muchas actividades y de un fin de semana único.

En un principio, y si no hay cambios, podremos acampar en grupos de no más de 20 personas en el recinto de Peñagolosa por lo que en caso de superar aforo debemos elegir quienes vienen y quienes no… por lo que pedimos una breve carta de motivación que explicaremos más adelante.

Algunas fotos de la I Edición

Ante cualquier duda o sugerencia podeis contactarnos a través de este formulario.

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Tras los hilos Dorados

La aldea de Alba, un pequeño grupo de casas al oeste de Luz, era ahora una prisión para sus habitantes, y estos, condenados a muerte a no ser que tuviesen mucha suerte y pudiesen ser esclavos de por vida. Cruat, un joven y oscuro mago llevaba sus experimentos a cabo con aquellos pobres. Hasta ahora, había conseguido sintetizar una substancia capaz de controlar la mente de cualquiera si se le suministraba la cantidad adecuada, muy poca no le haría completamente esclavo y mucha lo convertiría en un cadáver o un deficiente.

Practicó durante años exterminando a media aldea, hasta que una noche, justo antes de quedarse dormido, una araña le picó entre el índice y el pulgar, haciendo que la solución se estrellara contra su frente al tiempo que su cerebro procesaba el agudo pinchazo de dolor. Lo primero que hizo, fue extraerse el veneno de la araña, y después durmió. Al alba, partió a la capital para exigirle al emperador un inventor para poder llevar su proyecto a cabo. El emperador se lo concedió, y pronto se hallaba con el hombre, explicando su idea y cómo desarrollarla. El inventor le pidió oro y una ampolla de cristal. Llenó la ampolla con la rojiza sustancia que Cruat había creado, y con el oro y algunos engranajes y tornillos construyó una rudimentaria araña que administraría las dosis exactas de sustancia para mantener al portador controlado y para matarlo si este trataba de extraerse la araña.

Cruat probó el nuevo invento y resultó un éxito, hasta que el veneno se acabó y la araña ya no lo seguía suministrando. Volvió a hablar con el inventor y este mejoró la araña para que cuando quedase la cantidad justa de veneno para matar al portador, esta avisase a Cruat, y también instaló un dispositivo que hacía que la araña se soltase si se accionaba un botón oculto entre sus colmillos, con los que administraba la sustancia. Tras el éxito de las pruebas, el inventor mejoró la estética para que quien lo viese pensara que se trataba de un adorno, y fue entonces cuando Cruat presentó su primera araña al emperador. Tras el visto bueno, Más arañas fueron fabricadas, y Cruat fue nombrado mago supremo y caudillo de la brujas.


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Bajo la Lluvia

El agua caía interminable e incansable sobre las hojas de cada árbol, hiedra, arbusto o planta de la selva, hasta que se flexionaban por el peso y dejaban caer una pequeña cascada de la misma.

Los olores a tierra mojada se intensificaban y los rastros desaparecían ante ellos haciendo difícil seguirlos. Los sonidos se perdían, entumecían y se mezclaban con los que cada gota provocaba en su caída incluso tras recorrer el empapado pelaje de la bestial escondida entre la maleza.

Los intrusos estaban cerca, justo en frente, cada semana aparecían en la zona con diferentes ropas y olores intentando despistar a los que allí vivían, al resto de Bestial y a los Narak.

Portaban redes y cuerdas con diferentes nudos y formas que todavía llevaban olores de otros Bestials junto con los del cuero y el acero que vestían y colgaban. Siempre volvían a pesar del sofocante calor y la humedad que les asfixiaba y a pesar de las intensas lluvias que los frenaban.

Sin embargo eran extranjeros, sólo había que esperar a que se cansaran de buscar. Esperar bajo la lluvia que la ayudaba a huir de sus acechantes ojos. Si la capturaban y tenía suerte, sería llevada a otras tierras cálidas pero menos húmedas; si tenía mala suerte, la arrastrarían hasta tierras las tierras heladas de Beliond, en las que sólo se sobrevivía bajo tierra.

Los minutos pasaban y el agua calaba cada vez más en su pelaje al igual que hacía en cada una de las rugosidades de los árboles haciéndose casi interminables. Finalmente se alejaron de la zona y, con mucho sigilo y unos minutos después, la bestial abandonaba el lugar para volver junto los suyos en la selva. Todavía empapada dio la alerta y se decidió que mañana los rastrearían para echarles de Selva Esmeralda.


ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE:

IRIS CONST

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El baile

Entró en la taberna casi sin demasiadas ilusiones de poder conseguir una buena recompensa en ese sitio, la mayoría de los parroquianos parecían simples labriegos y dudaba que supiesen apreciar la buena música. Se ajustó la cinta del laúd y entró decidida hasta el fondo del local, mientras iban sonando pequeñas campanillas que llevaba atadas en tobillos y muñecas. Aunque para su gente era algo alta, en esas tierras los humanos casi parecían gigantes a su lado. Fue mirando de reojo si había alguien interesante durante su camino, moviendo ligeramente su larga cabellera negra y logrando que su tiara reflejara las luces de los candiles. En ese momento recordó las enseñanzas de su padre y pareció que le susurrara las palabras en ese mismo instante:

— Una buena entrada es casi más importante que una buena actuación, sedúceles y conseguirás cualquier cosa que te propongas.

Echaba de menos estar en el carromato con su familia, pero hacía meses que sintió el impulso de vagar por su cuenta por el vasto mundo de Ériandos, creó junto a su padre una melodía y necesitaba componer una letra acorde a ella. Desenfundó el laúd al llegar al posadero y con una grácil reverencia tocó unos acordes, afinándolo de forma disimulada. 

— Buenas noches, mi nombre es Coral y no podrás encontrar mejor bailarina y música en toda la región. Me gustaría cambiar mi música por una habitación, algo de comida y unas monedas, mi baile no deja indiferente a nadie. 

— Buenas noches señorita, lo primero lo tendrás, las monedas dependerá de lo que consuman ellos. 

Asintió y se dirigió al centro de la sala y mientras empezaba a rasgar el instrumento para contentar al público la vio, una hermosa semielfa de cabellos rubios y ojos del color del mar calmado que no la perdían de vista en ningún momento y unos labios rojos y carnosos iluminados por una sonrisa. Sonrió y mordiéndose el labio pensó que quizá ese pueblo no era tan malo como parecía al principio.


ESTE RELATO NOS LLEGA DE LA MANO DE

GEMMA SÁNCHEZ

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Sé un Bardo de Ériandos

Nuestra comunidad es muy amplia y nos encantaría que participarais escribiendo relatos, poemas, microcuentos o canciones sobre el mundo de Ériandos. Aquí sois vosotros los que escribís el principio y el final. Tanto el equipo de redacción como el de ilustración y fotografía trabaja conjuntamente para dar vida y color a las historias que componen nuestros redactores.

Puedes participar en cualquiera de las categorías: Cuentos, artículos de rol, artefactos, razas, bestiario, semillas de aventuras… E incluso puedes proponer nuevas ideas que te gustaría llevar a cabo. Las fechas de entrega de los proyectos son relajadas y asumibles, sin embargo se requiere un mínimo de predisposición, voluntad y responsabilidad. También puedes participar de forma esporádica como colaborador.

Solo tienes que tener mucha imaginación y emoción de formar parte de este proyecto. Puedes decidir si tu relato quieres que sea: Anónimo, seleccionar un apodo, o poner tu nombre. El relato que escribas será siempre de tu propiedad por lo que podrás usarlo para otros fines, siempre que quede constancia que se hizo para Ériandos. Envíanos un mensaje a través de nuestro formulario de contacto o a través de nuestras redes sociales explicándonos porqué quieres participar en este proyecto y algún relato para ver tu trabajo.

Sois vosotros los que hacéis que Ériandos sea un mundo repleto de vida, aventuras y emoción.

Participar en este proyecto es voluntario por lo que no supone ninguna remuneración al igual que para todo el equipo creativo que hay detrás

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Alma de dragón

Un capítulo aparte merece la reseña de esta increíble planta, casi desconocida y con estudios casi inexistentes en la gran Universidad de Dracan. Trataremos ahora de discernir algo de claridad sobre la especie «Alma de Dragón», especie ligada a la vida y muerte de los dragones. Aquí aporto tanto mis escuetos conocimientos con la variedad Alma de dragón de ácido, exponiendo lo que a través de la observación y de mi propia experiencia he podido descubrir, como los pocos datos existentes que he podido encontrar en viejos tomos de olvidadas bibliotecas.

Origen y clasificación

Existen tres tipos de Alma de Dragón, tantas como tipos de dragón existen, o que conozcamos del mundo explorado de Ériandos: los dragones de tipo Fuego, con una tonalidad de piel rojiza, son los que exhalan un aliento que hace arder todo lo que encuentra a su paso, más terroríficos y resistentes que el resto y que si te cruzas en su camino harías bien en encomendarte a Ela. Dragones tipo Hielo, de un color verde de piel, que congelan todo lo que su aliento toca, sólo han sido vistos en el norte de Ériandos, en el Imperio Beliondés, el reino de los glaciares y de las ventiscas de hielo, cuna de estos dragones. Y por último están los dragones de tipo Ácido, de tonos dorados, y que yo he tenido la suerte de encontrar, sufriendo quemaduras que lo atestiguan en ambas manos. Sin embargo, de los dragones de tipo Hielo y Fuego únicamente sé de su existencia por los escritos superiores de los grandes sabios de Dracan.

Morfología

En cuanto a la especie de la planta Alma de Dragón del tipo Hielo, nace del interior del cuerpo helado de estas criaturas, con una apariencia de cristal y de color verde esmeralda. El tipo Alma de Dragón de ácido, más rara de encontrar que las otras dos especies, es de un color dorado como el dragón de este tipo. Para su manipulación es necesario tener un cuidado especial pues al contacto directo podríamos sufrir quemaduras importantes por los ácidos que supura.

El tipo Alma de Dragón del tipo Fuego nace de las entrañas incandescentes de estos dragones y es sumamente peligrosa pues al peligro de su obtención al estar al rojo vivo se añade el riesgo de los gases tóxicos que desprende y que al ser inhalados provocan la muerte en cuestión de segundos.

Características propias

Es necesario señalar que este espécimen de planta no tiene hojas pues no realiza la fotosíntesis, su tallo es grueso y sustenta una única flor con seis pétalos que cubren los delicados estambres, a estos 6 pétalos los cubren a su vez otro juego de sépalos con forma de garra de dragón que le dan un aspecto inusual y extraño asemejándose la flor a una extremidad del propio dragón.

Se nutre de la carne del dragón al morir y de la fuerza vital de su interior, por eso se le denominó Alma de Dragón, aunque nada se ha demostrado sobre si es cierto o no que la esencia, alma o espíritu del dragón se traspase a la planta.

Cada planta, según sea un tipo u otro el dragón del que se origina, tiene una peculiaridad distinta:

  • El Alma de Dragón de fuego, de un color rojo intenso, se sabe que acumula en sus estambres un polen que transmite una energía sin igual, y si lo macera alguien con conocimientos mágicos puede hasta triplicar sus efectos.
  • El Alma de Dragón de hielo es prácticamente similar en su morfología a la de fuego pero con un aspecto de cristal de color esmeralda. Los estambres del tipo hielo, además de ser un alimento extraordinario para la progenie de los dragones de este tipo, lo que produce es un potente narcótico que inmoviliza al contacto.
  • El Alma de Dragón de ácido, aún habiendo escritos donde se ha identificado no se especifica lo que produce su flor dorada, se cree que intensifica el poder de la magia, y al igual que el resto de almas de dragón es un alimento excepcional para las crías de dragón. Debe ser la forma en que la naturaleza le da una oportunidad a las crías de dragón de mantenerse con vida, una energía extraordinaria extraída directamente del interior de su progenitor.

Estos son todos los conocimientos que he conseguido reunir a lo largo de mis viajes. En un futuro hay planificado un nuevo viaje al reino helado del imperio Beliondés y allí espero ampliar conocimientos sobre el Alma de dragón de Hielo. Si vuelvo con vida seguiré ampliando este vademécum botánico…

ESTE ARTÍCULO NOS LLEGA DE LA MANO DE:

RODNIFERO

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